"zRéquiem por la razón?
La magnitud de la crisis y la probable recesión llevan a más de alguno a suponer la inminente caída de un paradigma económico.
Nadie sabe dónde encontrar el botón para revertir el proceso o para paliar los danos. Ríos de tinta han corrido desde que se ha cobrado conciencia del carácter mundial del terremoto. Y es que el problema es también ideológico, mental. Tanto los que creen en la mano invisible para adecuar intercambio con bienestar como los que piensan que sólo un Leviatán regulador puede combinar desempeno económico y bienestar colectivo se están llevando un desmentido. Es tiempo de pulverización de identidades ideológicas y certezas sicológicas.
Cuando Adam Smith sugirió que el mercado era un mecanismo de regulación pensaba antes que nada en la disolución del absolutismo como forma de control de las relaciones humanas sujetadas a la arbitrariedad de la autoridad monárquica. En su lugar aparecía la libertad como valor y motivación.
Hoy se le cargan las tintas al ilustre escocés cada vez que fallan los mercados. Lo cierto es que, al igual que muchos otros pensadores de la Ilustración, Smith consideraba que las ventajas del libre intercambio tenían que correr al paso de la ""virtud"" moral. En el desenfreno del mercado hemos presenciado lo contrario: el dominio de los ""vicios"" de la avaricia y la exacción. Ojalá fueran también parte de lo que se derrumba.
No es lo mismo la vulgaridad ideológica de mercado que sostener que es posible la coordinación económica libre sobre bases justas. Pensar lo contrario es, una vez más, adoptar la actitud aberrante de destruir el todo por la conducta de las partes. Lo que ha ocurrido en Estados Unidos en los últimos ocho anos es simple y sencillamente la justificación de la avaricia con un simplismo ideológico de la cual los clásicos de la economía política no son responsables, como tampoco es culpable John Maynard Keynes de la corrupción ocasionada por el gigantismo del Estado y el oportunismo connatural de los políticos.
Entre los productos más abundantes en los mercados de la letra están los detractores del liberalismo. El problema es la escasez de los que pueden senalar al paradigma sucesor. zUn nuevo New Deal, capitalismo de Estado, restos de la ""teoría"" del socialismo, o acaso el lustre del populismo latinoamericano? Todo indica que el problema es más complejo y refractario a las recetas.
Para evitar el impulso de deshacerse de los muertos y además tirar su herencia a la basura, es necesario, una vez más, no olvidar que el vínculo que asoció indisolublemente a Smith con Keynes era su interés compartido por construir o preservar de la extinción a una civilización basada en los valores de la democracia, la libertad y la igualdad. No se trata de defender al seudoliberalismo, sino de evitar ser presas de la irracionalidad. [email protected] * Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM
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