Freno a la discriminación

Con mucho esfuerzo y a lo largo del tiempo, la noción de igualdad entre los hombres se va imponiendo y anula las excusas para la explotación y el abuso. Así, unos dejan de ser esclavos de otros y adquieren plenos derechos democráticos, es decir, civiles, políticos y humanos.

Pero la lucha no termina y por eso hoy representantes de los tres niveles de gobierno, académicos, artistas e intelectuales firmarán un Acuerdo por la igualdad y contra la discriminación, para hacer de ese empeno un compromiso firme y ojalá de corto plazo por sus resultados.

Integran la lista de firmantes el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, el alcalde de Puebla, Enrique Doger, y la escritora Elena Poniatowska, entre otros. Lo hacen al amparo del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que ha identificado 11 grupos contra los cuales los segregacionistas se empecinan.

Las discriminaciones son históricas, es cierto, aunque un hito en esta lucha interminable fue la de los derechos civiles en EU en los que quedaba claro que todos los hombres nacemos iguales... excepto, hoy, las mujeres, los inválidos, los enfermos de sida, los homosexuales, los que pertenecen a religiones minoritarias y otros más.

La discriminación por sexo, raza, color de la piel, nacionalidad, convicciones políticas o creencias religiosas es muy común, y por lo mismo, extremadamente danina.

Lo es, a tal grado llena de prejuicios, como los que mantienen en la ignorancia, la miseria y la falta de salud a millones de seres en todo el mundo que cruzan ilegalmente las fronteras cuando descubren que hay otros sitios donde la vida puede ser menos opresiva. Entonces, claro, se intenta contenerlos, marginarlos o reprimirlos.

Muchos pueden ser discriminados impunemente porque no conocen sus derechos o no tienen los medios ni la capacidad de hacerlos valer. Por eso es relevante que un grupo distinguido de mexicanos se ponga al frente de la lucha contra la discriminación, y defienda a estas minorías y procure la sanción de los abusivos.

Y lo primero es identificar las formas de discriminación que existen en contra de muchos mexicanos en condición de minoría. La discriminación existe, también, cuando se contrata a trabajadores, al acordar ascensos o al considerar que alguien con preferencias diferentes merece ser excluido. La segregación no tiene razones ni sustentos morales, legales ni mucho menos humanos.

Los argumentos esgrimidos suelen ser tan absurdos como efectivos. Suprimir al rival, imponiendo nuestros hábitos o características personales, no es extrano en la carrera de la vida ni en los exámenes de competencia por un puesto para cualquier empleo.

Naturalmente el problema no es privativo de nuestro país. A diario conocemos ejemplos de este tipo de comportamiento irracional en el mundo. Lo hay en Europa cada día, lo hay en Estados Unidos, de lo cual conocen bien muchos de nuestros compatriotas.

Pero el que lo haya en México debe ser solucionado y para ello es bueno que se integre este Acuerdo Nacional por el cual quienes vivimos aquí cumplamos en los hechos y por voluntad lo establecido en nuestra Constitución: lo de la igualdad sin excepciones. (El Universal)