Futurología climática

"Los informes del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) han subido de tono a lo largo de los anos, desde la fundación, en 1988, de ese grupo dependiente de las Naciones Unidas. El de 1990 confirmaba la tendencia al recalentamiento del planeta y emitía la hipótesis de una responsabilidad humana en dicho fenómeno. En 1996 afirmaba con más firmeza que ""hay una influencia humana manifiesta en el clima global"". El tercer informe (2001) senaló de manera radical que el cambio climático se debía ""a las emisiones de origen humano de gases con efecto invernadero"", advirtiendo que la temperatura podría subir hasta casi seis grados en el siglo XXI, cuando en el informe anterior especulaba sobre 3.5 grados. Un fuerte escepticismo entre los científicos había saludado el primer informe, pero se fue diluyendo con el tiempo y ahora, cuando el IPCC está terminando de preparar su informe para 2007, la gran mayoría está convencida de la realidad del doble fenómeno: recalentamiento global y responsabilidad humana, y de la urgente necesidad de hacer algo. No soy especialista en climatología, pero las implicaciones políticas del asunto obligan al comentarista de la actualidad internacional a senalar una interesante ""fuga"" informativa. Uno puede leer en la prestigiosa revista Nature, en su primer número de mayo, que los científicos están muy preocupados porque el gobierno de Estados Unidos ha dado acceso, en la red, a la primera sección del borrador del informe 2007 preparado por el IPCC. Ese borrador, con fecha de 4 de abril, lleva la indicación clásica en la academia de ""no citar, borrador"". Bueno, ahí está en la red y la lista de los autores es impresionante, la flor y nata de la ciencia mundial, de muchas naciones, ahí está Mario Molina, por ejemplo. Tengo a la vista esa primera versión de 15 cuartillas, elaborada por el grupo de trabajo I, pero antes de presentar su contenido -sin citar textualmente-, debo senalar las reacciones de los científicos a la ""fuga"" gubernamental. No es una conducta común y se puede prestar, en este caso, a diversas interpretaciones. Obviamente un informe del IPCC pesa mucho sobre las negociaciones políticas, internacionales como nacionales, y sobre las decisiones que toman y tomarán los gobiernos. Washington, que puso el borrador del grupo I en circulación desde hace un mes, se justifica con el argumento de la democracia informativa: que todo el mundo tenga acceso a la información y que nadie pueda decir que se la han negado. Sin embargo, muchos investigadores ven con preocupación la ruina de la práctica anterior de la confidencialidad hasta la publicación. El director del grupo de trabajo I no fue informado de la decisión del gobierno estadounidense y se enteró cuando miles de científicos, de grupos ecologistas y de empresas ya habían recibido el borrador. A lo menos, eso denota una falta de cortesía notable. Los autores, sorprendidos, se han negado a comentar públicamente lo hecho. Un experto de la Universidad de Colorado declaró a Nature que la movida puede obedecer a una estrategia deliberada para ""quemar"" el informe completo y final, puesto que el gobierno de Washington ha sido bastante crítico del trabajo del IPCC. El mismo Roger Pielke Jr. dice que se le puede dar una interpretación menos negativa a la puesta en circulación: no hay mal que por bien no venga y si la motivación del gobierno es discutible, puede servir a abrir el debate público, en lugar de reservar la información a los expertos. El documento que no debería cambiar mucho en su versión final, si no aporta novedades revolucionarias para los que siguen el asunto, es mucho más afirmativo en sus conclusiones que el texto de 2001. Las hipótesis han sido confirmadas de manera drástica y eso pesará mucho sobre los políticos a la hora de tomar las decisiones para el futuro. Ya no podrán refugiarse detrás de las dudas de los científicos y los más escépticos se las verán negras para atacar las medidas, las cifras que fundamentan la construcción del modelo, de la futurología del clima. El punto clave de las discusiones anteriores, a partir del informe de 2001, era la sensibilidad del clima al efecto invernadero, provocado por los gases de nuestra industria, agricultura, civilización urbana y motorizada quemadora de energías fósiles. En 2001 el IPCC estimaba que duplicar las emisiones de dióxido de carbono aumentaría la temperatura de 1.5 a 4.5 grados, pero eso que era una estimación un poco tímida, se confirma ahora de manera contundente. Otra afirmación radical, ya no en forma de hipótesis, sino de tesis demostrada, es que, en el mejor de los casos, incluso en caso de limitación inmediata de las emisiones de gases, el recalentamiento va para rato. Es como un gran barco o un tren lanzado a toda velocidad y que necesita muchos kilómetros para frenar. El fenómeno empezó con la revolución industrial hace casi tres siglos, y también con la ""revolución verde"", el invento de la agricultura y de la ganadería hace más de 8 mil anos. Por cierto, hoy en día, la agricultura contribuye por lo menos en 25% del dióxido de carbono como consecuencia del aprovechamiento de las tierras tropicales y de la destrucción de nuestros bosques, ?ay México!, ?ay Brasil!, así como una cantidad importante de metano y de óxidos nitrosos. El punto clave es que todos los indicios coinciden, convergen: recalentamiento del planeta, deshielo del Ártico, de los glaciares, de los nevados, elevación del nivel del mar, acidificación de los océanos, sequía agravada en nuestras regiones. Ahora la pregunta es zqué se debe hacer, qué se puede hacer? Nuestro modelo de desarrollo ha seducido al mundo entero y China y la India, así como los candidatos inmediatos al desarrollo, Pakistán, Vietnam, Indonesia, etcétera. no quieren escuchar a nuestras Casandras del IPCC. El gobierno del presidente Bush, tampoco. Hasta ahora. zCambiará de parecer con el Informe 2007? La puesta en circulación anticipada y sorprendente de aquel borrador, según una interpretación muy benévola, podría anunciar tal cambio.

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