G-8: una devolución mínima

"Tal y como se preveía, las conclusiones de la reunión cumbre del G-8 en Escocia incluyen un importante paquete de ayuda a países de África, con apoyos financieros de 50 mil millones de dólares hasta el ano 2010 y la condonación de la deuda a 18 países del mundo, entre ellos 14 del llamado ""continente negro"".

No hubo acuerdo, en cambio, en materia de eliminación de subsidios agrícolas ni de incremento de cuotas de esos países al desarrollo mundial. Sin embargo, como mencionó el primer ministro inglés, Tony Blair, ""todo esto no cambiará el mundo manana, pero es un comienzo"".

Resulta plausible que los países económicamente más poderosos del mundo hicieran un esfuerzo notable por responder a la exigencia mundial de auxiliar a África y, en general, a las naciones más pobres del mundo, para quienes el cumplimiento de sus obligaciones financieras implica un sacrificio diario, ya no digamos en materia de bienestar económico, sino incluso de vidas humanas.

Es también destacable que el sentido humanitario de las conclusiones de la reunión no se viera desviado o postergado por los atentados terroristas del jueves pasado en Londres; los que requerirán, a su vez, de un esfuerzo multinacional en la lucha contra el terrorismo.

El monto de la ayuda financiera al continente africano no debe ser visto como un gesto caritativo de las naciones poderosas, sino como una pequena devolución de lo mucho que han aportado por siglos los africanos a la economía mundial, en forma de mano de obra, materias primas, cultivos y minerales, cuyos beneficiarios directos han sido, entre otros, algunos países integrantes del G-8.

También será importante dar seguimiento a este espíritu de cooperación, no únicamente con aportaciones en efectivo sin duda útiles y urgentes en estos momentos sino a través de un decidido fomento de los sectores industrial y científico africanos, que son los que pudieran proporcionar beneficios de largo plazo y permanentes a esas naciones.

El fenómeno de la globalización no sólo ha de servir para achicar el mundo en materia de información, sino para generalizar en todos los países estándares de bienestar aceptables, que permitan al ser humano vivir decorosamente. Hay mucha pobreza también en América Latina y en Asia, que debe ser erradicada de raíz con apoyos similares.

Es preciso hacer entender a los países poderosos que el combate a la pobreza en el mundo no es un asunto de filantropía, sino toda una lucha por mantener en orden los equilibrios geopolíticos, pues la inconformidad generalizada de pueblos enteros generaría oleadas de alzamientos internos, guerras civiles y golpes de Estado que sumirían al mundo en el caos económico.

Abatir los niveles de SIDA en África, conjurar miles de muertes en aquella región y cooperar con la preservación del medio ambiente, a través de evitar el deterioro del clima mundial son aristas aparentemente inconexas de lo que es en realidad un solo problema económico.

Por ejemplo, las migraciones hacia las metrópolis donde se genera y disfruta de la riqueza en el orbe son un fenómeno que sufren las capitales más industrializadas del mundo, derivado de no atender, en sus países de origen, a miles de ciudadanos depauperados que no tienen más alternativa que dirigirse, pese a todo y contra todo, hacia las urbes donde pueden obtener algún beneficio, por mínimo que sea; y en este afán, muchos han perdido la vida. Así, pues, la reunión de Escocia es un principio, pero todavía no la solución. (El Universal)

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