Con la llegada de la etapa de reproducción y desove de las iguanas verdes ha comenzado el “martirio” para los ganaderos de la región Costa, más aún los que tienen sus parcelas cerca de las playas o esteros.
Aquí es donde los depredadores humanos hacen de la suya para capturar estas especies que están en peligro de extinción, y se aprecian las vendedoras de iguanas procesadas en tamales o mole, que son comercializadas en las comunidades o la cabecera municipal y tienen una alta demanda por su exquisito y único sabor, por lo que se les considera animales exóticos.
Pese a los constantes monitoreos de los dueños de terrenos nada han podido hacer para controlar a estos cazadores, quienes se les han visto andar con su morral y resortera, para así poder derribar de las alturas de los árboles a estos reptiles.
Para los ganaderos los cazadores representan amenazas en cuanto a la altura, porque son los causantes de los incendios pues con el afán de capturar a las iguanas prenden fuego a los árboles.











