Gastos electorales| zquién gana?

"El derroche de dinero público en las campanas presidenciales puede resultarle contraproducente a los candidatos y a sus partidos, de acuerdo con sondeos y encuestas recientes que muestran resultados adversos a quienes más están invirtiendo en medios electrónicos.

Una campana electoral reducida a la emisión de repetidos anuncios de televisión y radio, los denominados spots, empobrece la contienda, menosprecia la inteligencia de los votantes y niega la oportunidad de crecimiento a la cultura política. Si a algo están obligados los candidatos presidenciales es a renovar la manera de concebir las campanas, a las que este ano se destinaron 5 mil millones de pesos, y a asumir actitudes diferentes y más significativas para el sentir popular.

Las campanas han sido avasalladas por la publicidad, que pretende crear expectativas, vender, en lugar de asentarse en la propaganda, que busca inculcar ideas y sumar militantes convencidos, no auditorios manipulados emocionalmente.

La tendencia del incremento del gasto electoral publicitario de los últimos 11 anos es inversamente proporcional a sus resultados. El padrón electoral crece y los votantes se alejan de las casillas de votación, según anota Alberto Aziz Nassif, investigador de asuntos de política electoral. Para él, la campana con dinero público fácil es un modelo que está fracasando. Los electores ya no quieren ver más gastadero de recursos en televisión y radio. Es muy claro que el extraordinario costo de las campanas electorales en México no corresponde con lo que se gasta en otros países. En Espana, el financiamiento electoral de 2000 fue el equivalente de 50 millones de dólares. Aquí fue de casi 233 millones.

En nada, o en poco, ha contribuido el crecimiento de ese gasto al mejor conocimiento de las propuestas de los candidatos y menos a la transparencia democrática. Al contrario. A las sumas legalmente aportadas se han agregado cantidades allegadas irregularmente para tratar de calmar el insaciable apetito de ""estar a cuadro"", en las pantallas de la tele, el mayor tiempo posible.

Ni los partidos, ni los candidatos ni los ciudadanos han sido beneficiados por el ofensivo e indignante gasto canalizado hacia los medios electrónicos de comunicación. zQuién gana, entonces? El abstencionismo, por la decepción de los electores, y por supuesto las empresas de televisión y radio privilegiadas.

Superada la fase de desconfianza que inspiraban los herméticos procesos electorales antes de 1997, ahora es el gasto electoral el que concentra el rechazo social de los mexicanos, que no acaban de aceptar si debemos tener más de tres candidatos presidenciales solamente por una pretendida apertura y ánimo democrático, aunque los contendientes menores no posean ninguna oportunidad seria de triunfar, pero sí de negociar para ellos y sus partidos los votos de quienes los favorezcan.

En poco más de mes y medio de las campanas, las imágenes y los tonos vocales de los candidatos han sobresaturado las barras de la publicidad comercial, sin que los electores tengan claras sus diferencias y estén conscientes de sus propuestas fundamentales.

Los estrategas electorales deben dedicar sus mejores esfuerzos a refrescar los contenidos de las campanas, más que a andar a la caza de grabaciones telefónicas subrepticias o a hurgar en los botes de basura rastros de comportamientos impugnables para poner en entredicho las buenas famas de los candidatos del campo contrario.

Es deseable que los votantes acudan masivamente y con entusiasmo a elegir a nuestro próximo gobernante, pero no tenemos a la vista algo que los motive irresistiblemente. Aparte de las ideas y las propuestas demagógicas, lo que tienen que cambiar los candidatos son sus actitudes. Ese es el reto. Los esperados debates, por sí mismos, pueden convertirse en mero espectáculo para el horario triple A. Lo que la gente reclama de los aspirantes es ser escuchada y tomada en cuenta. (El Universal).

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