La renuncia de Santiago Creel a la Secretaría de Gobernación (Segob) abre un espacio especial para la reflexión sobre el papel que debe jugar dicha dependencia en el país. Los últimos anos han sido difíciles en convivencia política, puesto que la modificación de los viejos referentes de poder en México, tras las eleciones de julio del ano 2000, no ha permitido que se alcancen los consensos básicos para el entendimiento entre todas las fuerzas políticas.
Aun así, es indispensable perseverar en la tarea de trabajar por el diálogo y la negociación social durante los meses que restan a la administración del presidente Vicente Fox. Sobre todo porque el ambiente estará condicionado por el proceso electoral del próximo ano, que sin duda determinará la agenda nacional de aquí en adelante. De ahí que se requieran habilidades especiales en la conducción del despacho encargado de velar por la política interior.
La tarea de la Segob habrá de ser indispensable en el acercamiento entre partidos, en un momento en que por lógica lo que reina son las campanas y las descalificaciones entre aquéllos y sus candidatos.
El proceso electoral en puerta se percibe como uno de los más competidos y ríspidos de los últimos anos, lo que hace doblemente urgente que de Bucareli surjan los lazos y puentes de entendimiento, no sólo entre partidos, sino entre las demás fuerzas políticas y sociales del país, de las que depende la tranquilidad de la nación.
De esa manera se estará en condiciones de revestir a la Secretaría de Gobernación de respeto como interlocutor válido para canalizar de manera pacífica y ordenada las demandas más urgentes de la sociedad.
El secretario de Gobernación ha de encarnar la figura fuerte del gabinete y al mismo tiempo equilibrada. Hace algún tiempo los encargados de la Secretaría fueron demasiado celosos de su papel como guardias y vigilantes del régimen, lo que llenó de desprestigio al cargo y a muchos de sus titulares, quienes llegaron a inspirar más miedo que respeto.
Otras veces fueron incapaces de negociar consensos y operar políticamente los cambios que requería el país, tanto con empresarios como con partidos, iglesias, legisladores, campesinos, sindicatos y cuanta fuerza social hubiera. Según estudiosos, los saldos de quien ahora deja esta Secretaría son insuficientes.
Y así como en este mismo espacio hemos exhortado a los partidos políticos a abandonar posiciones mezquinas y asumir actitudes más constructivas en favor de la nación, asimismo tiene que exigirse a quien sea el nuevo encargado de la conducción política del país una actitud de estadista, que trascienda los problemas de inmediatez y vea por el bien mayor de México.
Además del tema electoral, la Segob es la encargada de velar por el desenvolvimiento de otros aspectos vitales para la nación, como la protección civil, el respeto a los medios de comunicación, la migración, los derechos humanos, el diálogo interreligioso y la coordinación de asuntos de seguridad nacional y muchos otros. Ninguno es menor, ni puede ser dejado de lado; de ahí la importancia de que en los meses por venir estos rubros también sean atendidos con atingencia, porque de ellos depende la estabilidad de la nación.
Un buen manejo político propiciará una transición electoral y gubernamental tersa el próximo ano, lo que ha de abonar en favor de la democracia y del equilibrio en los temas económico, financiero y aun el social. La Segob debe ser fuente de soluciones, no de conflictos. (El Universal).











