"La 69 Convención Bancaria sirvió para que el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, advirtiera a dicho gremio de los que, a su parecer, constituyen los problemas fundamentales que tiene que resolver para en verdad resultar útil a la sociedad, estos son: altas comisiones, fuertes tasas de interés al consumo, un muy ancho margen de intermediación -diferencia entre las tasas que pagan y las que cobran-, falta de transparencia en el sector, venta atada de productos bancarios y baja penetración de servicios en la población, entre otros.
Los banqueros, en voz de su presidente, Marcos Martínez, salieron al paso de dichas críticas asegurando que hay competencia en el sector y que las comisiones no se pueden bajar ""por ley o decreto"".
Sin embargo, vale decir que, por su experiencia, el usuario común y corriente de la banca en México no está satisfecho con el servicio que recibe y bien podría avalar cada uno de los puntos enumerados por Ortiz, sobre todo los que le afectan cotidianamente a su economía y bolsillo.
En el caso de las empresas, la experiencia es igual de dramática, tras anos de sequía crediticia que ha detenido la expansión de la planta productiva nacional y el empleo, o que ha llevado a los inversionistas a endeudarse en el extranjero, donde hay enormes riesgos, pero tasas de interés bajas y estables y más fluidez de la actividad crediticia.
Tantos reclamos y quejas ha generado históricamente el sector, que en 1999 se tuvo que crear la Comisión Nacional de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), ante la falta de un ente jurídico que sirviera de intermediario entre los bancos y sus clientes en caso de sus crecientes diferendos.
Ciertamente, tras la crisis del sistema financiero nacional, en 1995, los bancos tuvieron que ser rescatados con fondos públicos mediante el muy criticado Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa, después IPAB), lo que dejó maltrecho al sistema y a la economía nacional.
No obstante, gracias a dicho rescate los bancos se han recuperado, se han expandido, han gozado de enormes privilegios fiscales, por lo que no es posible que los usuarios sigan pagando el saneamiento de la banca de manera indefinida.
Por eso no suena mal la idea anunciada ayer por Óscar Levín Coppel, presidente de la Condusef, de que esa institución se convierta en un organismo de control de calidad de la banca que, sin olvidar su labor de protección al usuario, también fomente prácticas de competencia entre instituciones, de tal manera que ello permita la mayor diversificación de servicios, oferta y precios.
Un país que aspira a ser una de las economía más importantes del mundo no puede tener una banca de cuarto nivel, que se maneje con estrechos criterios de rentabilidad, casi de agio, en detrimento de la sociedad ni de las empresas que requieren de todo el apoyo de los bancos, en un momento en el que el país requiere expandir su planta productiva y generar empleos. Nadie se opone a que los bancos sean un negocio rentable y sano, pero tampoco pueden abandonar su compromiso con México en aras de ganancias inmediatas y de exprimir hasta el último centavo posible a sus clientes.
Es posible que la visión de Guillermo Ortiz no sea la que más haya gustado al gremio bancario reunido en Acapulco, pero sólo así, hablando con sinceridad y poniendo en la mesa los planteamientos de todo aquello que hace falta para que el sector crezca, será posible coadyuvar a encontrar soluciones que en verdad sirvan y que los mexicanos tengamos servicios financieros de primer mundo, tasas de interés y comisiones justas, con lo que la banca lograría un mejor aprovechamiento de los recursos que se ponen a su cuidado. (El Universal).
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