Hacia una policía profesional

Es lamentable la falta de resultados reales por parte de los cuerpos de seguridad pública en la lucha contra la violencia que azota a todo el país. Prácticamente todos los días son localizadas en México nuevas víctimas de una delincuencia desatada, tan absurda como brutal.

Preocupa sobre todo la falta de honestidad que muestran muchos de los responsables de las corporaciones policiacas que deben atender este gran problema, los que no son capaces de abordarlo con el rigor que se requiere y mucho menos de ser lo suficientemente autocríticos para identificarse como parte de ese problema.

El informe de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, obtenido por El Universal, pone en evidencia que la lucha contra el delito, así como los intentos por abatir los preocupantes niveles de inseguridad que se observan en el país, no podrán lograr avances significativos si no se eleva el nivel de preparación académica, técnica, moral y anímica de los elementos que integran los diversos cuerpos policiacos.

Resulta desolador el dato de que de los 400 mil policías que existen en el país, 63.7% carecen del perfil de conocimientos adecuado para cumplir con su misión. Ello es un testimonio del grave fracaso de los diversos programas de capacitación que se han emprendido a lo largo de muchos anos y que han carecido de continuidad y de una evaluación efectiva de su desempeno.

Muchos de estos programas han sido solamente intentos circunstanciales, pero en el fondo sólo se busca impresionar a la opinión publica. Ciertamente ha habido pocos intentos serios para formar generaciones de agentes policiacos de gran valor y honradez, capacitados profesional y técnicamente, de tal forma que se cree un sentimiento de orgullo por la profesión y un orgullo social por nuestros cuerpos policiacos.

En todo caso, los responsables de esas desastrosas cifras son las autoridades de seguridad pública, ni más ni menos.

Es necesario acabar con la mala imagen de los policías, y otorgarle dignidad a este servicio público. México es uno de los pocos países del mundo en los que ser policía no representa un orgullo para cualquiera. De ello también son responsables las estructuras de corrupción que son un lastre de muchos cuerpos policiacos; pero también la falta de voluntad política para emprender proyectos a largo plazo en este sentido y cuyos frutos, como es lógico, no serían recogidos de inmediato por las administraciones públicas que les den inicio.

Por desgracia, los cuerpos policiacos son reclutados del desempleo más desesperante, cuyos elementos optan por esta carrera como un último recurso para solucionar sus problemas de supervivencia. Al carecer de un sistema de incentivos y estímulos materiales y morales, rápidamente abandonan las corporaciones, muchas veces para incorporase al hampa. Con una formación incompleta y sin espíritu de servicio, son víctimas de complejos antisociales, que resultan gravísimos en personas a las que se les asigna autoridad y armamento.

No es posible seguir menospreciando el problema de la creciente influencia del delito organizado en la vida social del país y mucho menos en la estructura de seguridad pública de México.

Es indispensable que, a la vista de la tragedia cotidiana que vivimos como producto de la violencia incontrolable, las autoridades fortalezcan a nuestros cuerpos policiacos, dándoles elementos de profesionalización rigurosa y firme en beneficio de nuestro país, pero también en beneficio de su propia vida. (El Universal)