Desde la semana pasada permanece un grupo de más de 100 haitianos en la central camionera del lado poniente de Tuxtla Gutiérrez. Acumulan meses en Chiapas y aseguran que lo único que pretenden es que se les otorgue un permiso de libre tránsito por el país, o en caso de ser necesario, que se les brinden oportunidades de empleo.
Gracien Celicourt, un joven de 30 años de origen pescador y que viaja en compañía de su esposa y dos hijos, relata que su objetivo principal es llegar a los Estados Unidos, puesto que allá su sueño es trabajar como jardinero, ya que es un empleo que le apasiona.
Desde el año 2016 salió de su país y llegó a Chile, en donde asegura que algunos de los chilenos actúan con envidia o molestia en cuanto ven que algún haitiano logra comprarse algún automóvil, motocicleta o una casa.
Eso lo orilló a tomar la decisión de salir con destino a los Estados Unidos, por vía terrestre, transitando por varios países hasta llegar a Panamá, en donde tres grupos de vándalos mantuvieron a él y a su familia secuestrados, por lo que sus familiares en Haití debieron vender las últimas propiedades que tenían para poder pagar su rescate.
Días después Gracien logró continuar su camino con destino hacia el norte, por lo que sostiene que en todos los países de América ha logrado pasar sin documentos especiales; sólo en Nicaragua debió pagar un salvoconducto.
Giozoé, otro joven de 34 años, migró de Haití hace algunos meses y desde entonces ha transitado por varios países de América, desde Sudamérica hasta permanecer en Tapachula por varios meses.
Él señala que en su país se dedicaba a la construcción y su objetivo al llegar a los Estados Unidos es dedicarse a lo mismo, sin embargo, la exigencia de las autoridades mexicanas es la de permanecer por un lapso de ocho meses, para después continuar su camino.
El trabajo en Haití es escaso y a los problemas políticos constantes se han sumado los daños por distintos fenómenos naturales, como sismos y huracanes, que han devastado a las poblaciones.
Giozoé comenta que no encuentra razón alguna para que no se les permita continuar, porque el objetivo es seguir hacia el norte, aunque acepta que si se le ofrece trabajo, aceptaría hacerlo.
Él mismo se ofreció como intérprete para que Grizela expusiera su situación, quien es una joven madre de 25 años de edad dispuesta a continuar su camino, pues asegura que teme por su salud y la de su bebé.
Con cinco meses de embarazo, ha sorteado caminos desde Sudamérica junto a su esposo, otro joven de una edad similar.
Asegura que su desesperación se debe a que no cuenta con los servicios básicos de atención médica y ni si quiera sabe el género de su bebé.
Grizela anhela lograr llegar a los Estados Unidos para que su hijo nazca allá, a fin de que tenga mejores oportunidades de vida que la de ella y su esposo en su país de origen.












