Hallan osamenta chiapaneca en Chiapa de Corzo

Hallan osamenta chiapaneca en Chiapa de Corzo

Hace aproximadamente 11 días durante la excavación en una casa particular para crear una cisterna, un esqueleto humano fue hallado en Chiapa de Corzo.

Se trata de un habitante de la época prehispánica chiapaneca, posiblemente un varón que falleciera entre los 25 y 30 años de edad; este sería el quinto esqueleto descubierto de esta cultura en el estado.

La osamenta yace en la mesa del Departamento de Arqueología del Museo Regional de Tuxtla Gutiérrez; fue encontrado en posición cúbito dorsal flexionado, es decir de espaldas al suelo con las piernas flexionales sobre su pecho, manos metidas entre el pecho y las piernas; luce con una longitud de apenas 60 centímetros.

“La osamenta corresponde, más o menos, al 1330 o 1350 después de Cristo, una época en la que ya estaban instalados los chiapanecas en lo que hoy es Chiapa de Corzo, muy cerca de la plaza central y del panteón de la época Colonial”, informó Eliseo Linares Villanueva, arqueólogo adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Chiapas.

Por la estructura morfológica del cráneo y una vasija con la que fue enterrado, se supo que correspondía a un habitante precolombino. La estructura craneal cumplió con las características practicadas por las distintas culturas mesoamericanas; la parte ósea luce deformada en aspecto un tanto cónico.

El sitio donde fue hallado debió de ser una casa habitación en donde vivían las clases bajas, como campesinos de la época prehispánica, en los alrededores pero alejada del actual sitio arqueológico Chiapa de Corzo; hoy se trata de una casa en pleno Centro de Chiapa de Corzo, que por accidente al excavar el suelo fue hallado este antiguo mexicano.

“Había otro cuerpo más, pero en el proceso de elaboración de la cisterna fue destruido, sin embargo, trajimos los restos (al Departamento de Arqueología) para que puedan ser analizados. La posición de la osamenta completa estaba algo extraña, pensamos que pudo estar en una posición sentado, pero a la vez parecía estar en forma fetal”, detalló.

Esta persona debió vivir en al periodo posclásico temprano (entre el 900 y 1200, después de Cristo). A pesar de que Chiapas cuenta con grandes leyendas de la cultura chiapaneca, hasta el 2018 solamente se tienen bajo resguardo cinco esqueletos pertenecientes a esta cultura.

Linares Villanueva dijo que esta osamenta fue hallada justo en la casa de Eduardo Martínez, un reconocido topógrafo que trabajó durante mucho tiempo con la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo (de origen estadounidense y mormón), organización que la mayoría de sus planos fueron elaborados por esta persona.

“Anteriormente el sitio debió de ser una casa prehispánica cuya superficie ya desapareció, en la época antigua a las personas comunes se les enterraba bajo el piso de la casa, como a metro y medio de profundidad; este esqueleto fue hallado como a 60 centímetros”, abundó.

Aunque aparentemente se trate solamente de un entierro, este hallazgo permitirá conocer más a fondo las prácticas comunes de la sociedad de esta cultura prehispánica, como son los aspectos fúnebres.

Cabe señalar que a nivel nacional se sabe poco de la dinámica social de los habitantes comunes precolombinos.

Además el hallazgo de este esqueleto, casi completo, permitirá ampliar el banco de datos sobre la población chiapaneca asentada en Chiapa de Corzo y comparar con otros restos las distintas afiliaciones culturales.

“Aún no podemos saber la edad del esqueleto, pero debió de tratarse de un individuo joven de entre los 25 y 30 años; por lo que calculo parece ser hombre, pero será un antropólogo físico quien determinará eso. El otro esqueleto que tenemos sí sabemos que perteneció a un anciano porque la mandíbula ya no tiene dientes, dejando rastros de saturación natural”, puntualizó.

Lo único que con claridad se conoce es que estos huesos recientemente hallados pertenecieron una persona “no importante”, debido a las ofrendas dejadas en su entierro, además de que las personas importantes de la época se enterraban bajo templos, palacios o espacios con alto significado ritual.

Se estima que para el año 900 después de Cristo todos los pueblos zoques instalados en Chiapa de Corzo habían deshabitado la zona, dando lugar a los asentamientos chiapanecas que perduraron hasta el arribo de los españoles durante la conquista.

“Sabemos de su cerámica (de los chiapanecos), sabemos algo del aspecto físico y en especial las cuestiones de deformación que practicaban; a la hora de encontrarlo presentaba la deformación craneal que se ha mencionado, además de una ofrenda correspondiente a la época. Con mucha confianza podemos decir que se trata de un chiapaneca”, finalizó.