Tiene 24 años, pero la mitad de su vida la pasó en la cárcel. Ayer, apenas salió luego de seis años de estar recluido en El Amate por robo con violencia, intento de homicidio y lesiones. Pero salió reformado. Dentro de la prisión halló la verdadera libertad.
Parece sincero. No se contradice en lo mínimo al narrar su historia a cada uno de los feligreses congregados en el templo evangélico ubicado en la Calle Pensil, en la colonia Santa María La Ribera.
“Vine aquí porque el pastor que me bautizó me dijo que cuando estuviera afuera y necesitara apoyo, buscara esta iglesia, a mis hermanos, y pues aquí estoy”.
Y narra su historia. Caí en Villa Crisol a los 14 años. Estuve cuatro años. Salí y solo estuve unos días libre. Luego caí al “Amate” por robo con violencia, intento de homicidio y lesiones.
El joven, moreno, de rostro duro, mirada ágil, cabello lacio, dice ser oriundo de Pomposo Castellanos, en Cintalapa.
“¿Y por qué es que andas aquí, si al salir te quedaba más cerca tu casa allá?”, pregunta un feligrés con desconfianza, antes de dar el apoyo solicitado por el joven que dice llamarse Rubisel.
“Ah, es que nos pasaron al Canelo (Chiapa de Corzo) la última semana, como a 10, por buen comportamiento”.
Y agrega que se fue a dormir al Parque Central de Tuxtla, por no tener dinero para pagar un hotel.
Pero cuando estaba dormido, fue asaltado por dos hombres. “Me robaron mi mochila. Solo tenía mi cepillo, mi pasta dental ya usada, y 150 pesos. Era mi pasaje para irme a casa”, explicó.
“Me dio mucho coraje. Mira que robarme a mí, que muchas veces robé y con violencia. Estuve a punto de agredirlos. Pero recordé que ya no soy el mismo”, dijo.
Y añadió: “Dentro de la cárcel conocí el evangelio. Hace tres años que me bauticé. Y serví como diácono en la iglesia de la prisión. Antes recorría las celdas para robar. Secciones A1, D1, F2, F3, a todas robé. Pero luego las recorrí para predicar”.
“Me da pena pedir, no sé hacerlo. Me acostumbré a robar, arrebatar. Pero ayúdenme hermanos, ya no quiero recaer”, dice a punto de llanto.
Y tras recibir la ayuda el joven se marcha. Es Año Nuevo y comienza para él una nueva oportunidad, una página en blanco. Y está decidido a escribir una nueva historia, cosas de las cuales no tenga que arrepentirse después.












