Halloween, dañino para las tradiciones chiapanecas

Halloween, dañino para las tradiciones chiapanecas

A pesar de ser una festividad extranjera, el Halloween ha logrado introducir algunos elementos que no corresponden a las tradiciones y festividades que son propias del estado, algo que de acuerdo a investigadores resulta nocivo para la cultura chiapaneca.

Historia

De acuerdo a fuentes históricas, en 1840 esta festividad llegó a Estados Unidos y Canadá, donde queda fuertemente arraigada. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición durante la “Gran Hambruna Irlandesa”.

Sin embargo, la fiesta no comenzó a celebrarse masivamente hasta 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween, en Minnesota, y luego le siguieron otros estados. La fiesta adquirió una progresiva popularidad en las siguientes décadas.

La internacionalización del Halloween se produjo a finales del año 1970 y principios de 1980, gracias al cine y a las series de televisión.

En 1979, se estrenaba en Estados Unidos y en el mundo entero “Halloween”, de John Carpenter, una película ambientada en la víspera de “Todos los Santos” que supuso una referencia para el cine de terror de serie B.

Halloween en Chiapas

De acuerdo al investigador y catedrático chiapaneco, Mario Nandayapa, la festividad importada no tiene más de dos décadas que llegó a Chiapas o al menos que se empezó a conocer.

“La presencia del Halloween en lo que es Chiapas tiene cerca de dos décadas, es un efecto de la globalización, y forma parte de un proceso de aculturización que es la integración de elementos ajenos a una cultura”, expresó.

Este tema aunque parece poco relevante, sí tiene un impacto significativo para el estado, aunado a que no existe la observación de las dinámicas de los procesos que tienen un efecto negativo, en muchos aspectos.

El experto en temas sociales agregó que hablando de las repercusiones, éstas se presentan en el habla, en la forma de vestir, en los sonidos de la música.

Una realidad que planteó es que tampoco existen acciones a nivel nacional o local para contrarrestar este fenómeno que sin duda gana terreno, no ha desplazado pero sí se ha mezclado con las festividades como es el Día de Muertos.

A nivel nacional, de acuerdo a estudios realizados sobre este tema, en el año 2017 se reveló que en el centro del país el 20 % de los citadinos celebra tanto Halloween como Día de Muertos; sin embargo, le dan más peso a la fiesta norteamericana.

El 18 % sólo celebra Día de Muertos y otro 13 % simplemente Halloween; por otro lado, el 20 % dijo celebrar ambas festividades por igual.

El estudio dio a conocer que en los gastos de la celebración, ambas festividades se ven parejas. Las personas que celebran el Halloween gastan un promedio total de 707.26 pesos, con un máximo de mil 600 pesos, y las personas que celebran el Día de Muertos un promedio de 772.16 pesos, con un máximo también de mil 600 pesos.

Asimismo, el 23 % de las personas piensa que tiene mayor arraigo el Día de Muertos; un 14 % cree que la celebración sólo es para adultos o personas de la tercera edad; y un 22 % que es mejor Halloween; sólo el siete por ciento piensa que la tradición del Día de Muertos se está perdiendo.

Desde el punto de vista económico ambas celebraciones impulsan la economía de giros como papelerías, mercancías, tiendas de regalos, así como la venta de telas, dulces y chocolates, de artesanías, disfraces, maquillaje, cosméticos, estéticas, entre otros.

Para Mario Nandayapa es necesario la realización de estudios sobre los efectos del Halloween en la cultura chiapaneca, “ya que son irreversibles, afectando elementos tan representativos como los alimentos, es un préstamo de muchas cosas”.

Consideró que los esfuerzos realizados en el estado para fomentar las tradiciones son buenos, pero son muy débiles, “se puede observar los concursos de calaveras, de catrinas de altares, pero se debe hacer un mayor esfuerzo”.

Desde el punto de vista cultural, la afectación mayor de esta celebración en la entidad es que repercute en la cosmovisión, en la forma de entender el mundo, la vida y la muerte.

“Anteriormente se tenía una visión muy arraigada de la muerte, de la visita al inframundo, de todos estos elementos que son propios de nuestra cultura se ven alterados. Ahora se pide la calabacita, la gente se disfraza, se hacen megafiestas, lo que es un efecto muy dañino para la cultura”, remarcó.

Por último, indicó que también es responsabilidad de las familias el que no se pierdan estas tradiciones que son herencia de las grandes culturas precolombinas y no festividades importadas.