Hasta donde Dios me dé vida, el lema del adulto mayor

Hasta donde Dios me dé vida, el lema del adulto mayor

“Hasta donde Dios me dé la vida” es el lema de las abuelas y abuelos quienes día a día luchan por seguir adelante, en la que generan ingresos para ellos y sus familias, pese a su edad y dolencias de los años de experiencia que tienen en sus espaldas.

En el marco del Día Nacional del Abuelo y la Abuela, en México existen 13 millones de personas de 60 años o más, considerados de la tercera edad por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi). De esa cifra, el 53.9 por ciento son mujeres y el 46.1 hombres.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) dentro de su “Informe Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos de las Personas mayores en México”, publicado en 2019, informó que hasta febrero de ese año se tenían dos mil 187 carpetas de investigación cometidas en agravio a dos mil 260 personas mayores de 65 años o más.

Dentro de las principales denuncias se encuentran las siguientes: delitos patrimoniales, violencia familiar, no determinados, lesiones, amenazas, homicidio, violación, privación ilegal de la libertad y otros.

A nivel estatal, se cuenta con 58 servidores públicos especiales en labores, ubicados en dos centros o albergues dedicados hacia las personas de la tercera edad.

La CNDH apuntó que durante 2014 a 2018 se destinaron ocho millones 220 mil 925 pesos por cada año, es decir, un total de 24 millones 662 mil 775 pesos destinados al funcionamiento de las Casas Hogar del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF).

Según el Inegi, en Chiapas existe un aproximado de 500 mil personas con 60 años o más, de las cuales un aproximado de cuatro de cada 10 reciben apoyo de autoridades gubernamentales, por lo que el 33.6 por ciento de la población mayor desarrolló actividades independientes.

A su vez, la Secretaría de Salud de la entidad afirmó que la diabetes mellitus, enfermedades isquémicas del corazón y enfermedades cerebrovasculares son los padecimientos más comunes en personas mayores de 60 años, por lo que tres de cada 10 tienen limitaciones para desarrollar sus actividades diarias.

Ejemplos

Alfredo Israel Gálvez Castellanos, con 64 años, se encuentra en el Parque Central de la capital del estado con su venta de dulces, bolis y refrescos; al preguntarle por qué realiza dicha actividad, menciona que tiene la costumbre de trabajar y que así lo seguirá hasta el día que Dios se lo lleve.

“Nos venimos de Frontera Comalapa, mi madre, hermana y yo, la pobreza nos trajo a Tuxtla; desde chico inicié trabajando en una tlapalería y trabajé 32 años como voceador en la 11 Oriente, frente a la Secretaría de Comunicación y Transportes, sin embargo, mi rodilla me cobró factura, ahora con la pandemia pues no me quedó de otra que vender”, dijo.

Don Alfredo, con singular alegría, mencionó que aún no recibe ningún apoyo por su edad, ya que aún le faltan unos años para recibirlos, sin embargo, seguirá trabajando para continuar con su labor que ha hecho desde pequeño.

“En cuatro años más tal vez y me muero, aquí ando bien, andaré hasta que Dios me dé vida; mientras no me corran los fiscales”, manifestó.

Por último, recomendó a los demás adultos mayores que sigan adelante y que continúen con sus labores, ya que muchos han tenido que trabajar mucho para que tengan lo poco que alcanzaron.

“A los jóvenes que se cuiden y no se tiren al vicio; trabajen y busquen el bienestar para ellos y sus familias”, comentó.

Cambios

A su vez, Santiago Ruiz Martínez, con 64 años cumplidos tiene 11 nietos y nietas, así como cuatro bisnietos; mencionó que en los últimos años se vive una época muy distinta a la que él creció, pero no hay que olvidar el respeto por las personas mayores.

“Antes con una mirada nos comportábamos; ahora hay algunos que no respetan a su mayores, hasta les quieren pegar. Antes eran tiempos bonitos pero pobres, teníamos que trabajar mucho, no había tanta delincuencia”, afirmó.

Ruiz Martinez mencionó que ahora con el respeto se pueden mejorar las cosas entre la sociedad, aunque sigue un respeto generalizado hacia los abuelos y abuelas.

“A mí mis nietos me dicen papá, por el cariño que les doy; espero sigan con las buenas costumbres y adelante, para que con constancia y trabajo puedan llegar muy lejos”, añadió.

Trabajo

Un caso similar es el de doña Esperanza Urbina González, que con más de 60 años, es una trabajadora del transporte que ha implementado diversas medidas de salud para cuidar a sus clientes del Covid-19.

Con más de 30 años de experiencia, Esperanza logró tener su propio taxi, el cual adecuó para sus usuarios.

Además, diariamente aplica diversas medidas, como la sanitización en la unidad, además entrega gel al momento de subir y bajar, y obsequia cubrebocas a las personas que no lleven.

Este último acto la ha hecho famosa debido a que estos cubrebocas los da en una bolsa con el lema “Me cuido, te cuido”.

Doña Esperanza es madre de dos hijos mayores y se ha dedicado a seguir con su actividad económica pese a las complicaciones causadas por la pandemia.

“Estamos en una época crítica a nivel mundial, obviamente sí nos pega, porque la gente no sale a trabajar o vender, se cerraron muchos negocios y es sumamente preocupante la situación”, dijo.

La mujer taxista comentó que sus hijos se han preocupado por su labor, por lo que le han recomendado realizar una serie de acciones para disminuir las probabilidades de contagiarse de Covid-19 y continuar con su trabajo para obtener ingresos.

“Nosotros hemos sido muy ordenados, sabíamos que si seguíamos con esta actividad teníamos que tomar medidas, por lo que decidimos comprar sanitizante, gel antibacterial y cubrebocas”, explicó.

Agregó que todos los días antes de iniciar el trabajo de transporte se limpia el vehículo, se rellena el gel antibacterial y alcohol líquido.

La taxista comentó que seguirá en esta labor hasta que Dios le dé la capacidad de poder hacerlo.