“Vendo mi voto, no acepto despensas, sólo efectivo”, reza una cartulina pegada en la parte trasera de una unidad tipo Taxi en la capital del estado. El conductor, con una sonrisa grande afirmó que ya no cree en la política, por eso no encuentra molestia en vender su voto a un buen precio o rentar los cristales de la unidad para que se anuncien políticos.
“Todos son iguales, al final el cambio depende únicamente de nosotros, los ciudadanos” dijo el taxista minutos después que un particular le pasara corriente a su unidad que había quedado “sin batería” en las inmediaciones de la Colonia Atenas.












