Ayer, el Instituto Federal Electoral, encargado de organizar las elecciones y darle certidumbre a la democracia mexicana, determinó, con base en el conteo de todas las actas distritales, iniciado el miércoles a las 8 de la manana, que en los pasados comicios el candidato que obtuvo el mayor número de votos en la contienda presidencial fue Felipe Calderón Hinojosa, del Partido Acción Nacional.
Sin embargo, el resultado del proceso comicial del 2 de julio ahora pasa a otra etapa conforme al procedimiento legal, porque así debe ser, independientemente de que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, haya anunciado que lo inpugnará.
El proceso ha sido largo y extenuante. Las autoridades electorales han enfrentado una dura prueba. El IFE ya cumplió con su parte de organizar y realizar la elección, con los resultados ya conocidos. Ahora tocará el turno al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que deberá emitir su fallo, el cual es inapelable.
Pocas veces, como por estos días, la sociedad mexicana se ha visto envuelta en un dilema político de esta naturaleza. Fueron muchos anos de espera y aunque en 2000 se probó la posibilidad democrática de los mexicanos, no es sino hasta ahora, cuando se ha podido conocer el alcance de los nuevos tiempos políticos nacionales.
Cada partido, que contendió por su propia voluntad en el proceso electoral, exigió durante todo este tiempo su derecho a ser votado por cada uno de los ciudadanos. Hubo ganadores y perdedores. Pero México sigue adelante.
Éste es el caso. A partir de hoy se abre una nueva etapa en el proceso del 2 de julio. Hay virtual ganador y corresponderá a las instancias legales y legítimas que nos hemos dado los mexicanos determinar la ratificación del triunfador y consecuentemente de quien ocupará la Presidencia.
De esta manera, todas las fuerzas políticas deberán atenerse a las instancias legales y, si es el caso, podrán canalizar sus inconformidades y presentar sus pruebas ante las instituciones legalmente creadas por los mexicanos para dirimir, dentro de un ámbito de respeto y en el marco de la ley, cualquier impugnación que consideren pertinente. Están en su derecho.
Lo que resuelva el Tribunal Federal Electoral dará aún más certidumbre a los comicios y legitimidad a las autoridades electas por la mayoría de los votantes.
Este es un momento oportuno para la reflexión y es la coyuntura ideal para evaluar el proceso con la finalidad de obtener las mejores lecciones y concluir que los enfrentamientos generados por la dura y ríspida campana electoral, deben tener límites claros para evitar dividir a los mexicanos a niveles dolorosos. Ahora se requerirá de gran talento para restanar las heridas y trabajar unidos para el progreso de la nación.
Los mexicanos merecemos un buen gobierno. Lo hemos demostrado al participar tan copiosamente en las urnas. El nuevo presidente, cuando éste haya sido legalmente reconocido por la autoridad, deberá desarrollar proyectos incluyentes, sin olvidar que su paso por el Ejecutivo es momentáneo, en tanto que la nación mexicana permanecerá, para bien de todos. (El Universal).











