Claudia Joaquina Valladares y Socorro Valladares son dos hermanas de Honduras que después de 15 años de no verse se reencontraron en Tuxtla Gutiérrez dentro del arribo de la Caravana de Madres Migrantes proveniente de Centroamérica, en su travesía en busca de sus hijos e hijas desaparecidos.
A un costado del Templo de Santo Domingo, en pleno corazón de la capital de Chiapas, las hermanas se dieron un conmovedor abrazo tras sacar tímidamente un par de lágrimas ante las cámaras y reflectores de los medios de comunicación que se dieron cita para recibir a la caravana número quince que entró al país con la esperanza de encontrar con vida a sus familiares.
En esta ocasión la caravana de madres cobijó a hermanos y hermanas de migrantes que partieron de sus hogares por diferentes motivos; muchos, en busca de mejorar condiciones de vida en el denominado “sueño americano”, pero que desaparecieron en su camino y no se volvió a saber nada más de ellas y ellos. Tras entonar la “Oda de la Alegría” por parte de las madres y familiares de los migrantes desaparecidos, las hermanas se dirigieron al interior de la iglesia para dar gracias a Dios.
Cabe destacar que la caravana a su arribo gritaron consignas: “De norte a sur, de este a oeste, los buscaremos, cueste lo que cueste”, “Quiénes somos, las madres centroamericanas, qué queremos, justicia, cuándo, ahora, ahora, ahora”, “Vivas las queremos, vivos los queremos, buscamos a nuestros hijos, porque los amamos”.
Dentro de su discurso, Marta Sánchez Soler, cofundadora del Movimiento Migrante Mesoamericano que vino acompañando a la caravana, destacó que Tuxtla Gutiérrez es la última parada en el camino de ida en Chiapas, para recorrer cinco mil kilómetros para llegar a Veracruz y luego a Monterrey y Saltillo, en donde tendrán más reencuentros con la gente que han hallado en los últimos meses de trabajo de este movimiento y otras organizaciones.











