Historia de las crisis

"Hace mucho que los historiadores de la sociedad y de la economía saben que nuestro camino a veces sube, a veces baja, ahora cómodo, ahora erizado de trampas. Disponemos de una larga lista, a lo largo de los últimos siglos, de periodos alternos de prosperidad y depresión que parecen seguir el movimiento de un péndulo, que afecta la vida social y política, además de la actividad económica. Un manual de historia económica que usamos cuando estudiantes decía, más o menos, lo siguiente para el siglo XIX y principios del XX:

Cuando la gráfica de los negocios era ascendente, ascendía también la curva de los matrimonios, el consumo de vinos, tabaco y otros lujos, a la vez que el número de condenas por alcoholismo, mientras que los pequenos robos y las obras de caridad estaban a la baja. Generalmente eso correspondía a una situación de pleno empleo, intensa competencia industrial, desarrollo del espíritu de lucro, lo que lamentaban las iglesias; la vida política interna era apagada, pero las relaciones internacionales se tensaban, hasta llegar al borde de la guerra, o a la guerra misma, puesto que cada uno se sentía fuerte y próspero y por lo tanto capaz de vencer.

Todo lo contrario a la hora de la depresión: en Alemania y Europa central después de 1873 y otra vez después de 1929, la curva ascendente del antisemitismo correspondía a la caída de la Bolsa y quiebra de los bancos. La opinión pública aprobaba planes radicales de reformas económicas, sociales, políticas; los gobiernos tenían que adoptar medidas audaces y la emergencia provocaba, para bien y para mal, grandes cambios políticos. El descontento encontraba a veces la salida en movimientos revolucionarios y violentos, de izquierda como de derecha.

Y el profesor concluía su clase diciendo que la curva de las fluctuaciones económicas es la mejor introducción a la historia política contemporánea.

Analizando las crisis podemos empezar por la de 1873 y su impacto en América Latina. Los especialistas dicen que la crisis que nos toca ahora se parece más a la de 1873 que a la de 1929. Siguen estudios de la crisis mexicana de los anos 1980, de la presente crisis mundial y del factor ""confianza"" a lo largo de los siglos.

Sé bien que será de poco consuelo decir al lector que la crisis bancaria, financiera, general que nos golpea ahora no es la primera ni será la última. Ciertamente es de una dimensión enorme, pero tampoco es la primera vez. El retorno periódico de las crisis, a veces acelerado y agravado, lo que hizo pensar a Karl Marx que el sistema capitalista estaba condenado a muerte por su propia dinámica, no es una novedad y, por lo tanto, criticar únicamente a los bancos no sirve mucho. Ciertamente les faltó lucidez y prudencia a muchos financieros y empresarios, les faltó honestidad a algunos, pocos o muchos, pero hay fuerzas profundas que los rebasan por mucho.

Nuestros profesores, hace 50 anos, fueron los primeros en decir que era inútil estudiar cada crisis por separado, como un ente particular, sino que había que abrazarlas todas para buscar las causas profundas de su eterno retorno, de la existencia de los ""ciclos"".

Juglar nos viene a recordar que la economía está siempre en movimiento, que no hay nunca un equilibrio. En la fase de prosperidad, los precios suben, el crédito es abundante y estimula su alza, el optimismo (exagerado) infla la especulación y surge ""la exageración del comercio hinchado por la especulación"": lo que llamamos ""burbuja"".

La burbuja termina por reventar. Se paralizan los precios. El alza de los precios golpea luego la producción misma y el efecto dominó termina con el paro masivo de los trabajadores y la disminución lógica del consumo. Se arma un círculo vicioso que puede tener graves consecuencias sociales y políticas, hasta que se encuentre una salida y el volantín vuelve a girar...

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