En vísperas de la Semana Santa, en Tuxtla Chico se celebra una de las tradiciones ancestrales más antiguas de la región ligadas a la religión: la festividad de San Pedro Mártir y San Marcos, que reúne no solo lo divino, sino también el misticismo y rituales que se han mantenido vivos a lo largo del tiempo. Esta celebración une a los pobladores al representar sus raíces. Este domingo concluye la novena y da inicio la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Con antelación, familias católicas participan en esta festividad, cuyos días principales son el 28 y 29 de marzo, en los que se pide por salud, trabajo, buenas cosechas y felicidad. Las actividades forman parte de la cultura y creencias centenarias del pueblo, que se mantienen vivas mediante tradiciones llenas de colorido, magia y misticismo, con personajes como los correlones, los negritos, los mayordomos y las madrinas.
Festejos
Los festejos en honor a la Virgen María de Candelaria, el 2 de febrero, así como los dedicados a San Pedro Mártir y San Marcos, los días 28 y 29 de marzo, forman parte de la tradición religiosa de Tuxtla Chico. La organización recae en familias, de las cuales una asume la mayordomía, encargándose de coordinar los eventos, honrar las imágenes de los santos y realizar la novena de rezos.
Las celebraciones son organizadas por la sociedad con la participación de autoridades religiosas que presiden los actos. Destaca también la invitación a la autoridad local, que ancestralmente participa en estos eventos. El gobierno que encabeza Julio Enrique Gamboa Altúzar ha manifestado respeto a todas las ideologías; sin embargo, por tratarse de una tradición cultural, se suma de manera personal a la festividad, que considera una de las más importantes de la región, transmitida de generación en generación por cientos de años.
Durante los festejos destacan personajes únicos como los correlones, campesinos que, montados en sus caballos, lucen adornos con moños y flores multicolores que son bendecidos en la iglesia de Santa María Candelaria. También participan los llamados negritos: niños y jóvenes que pintan sus rostros con carbón y portan una sonaja y un fuete, con los que mantienen el orden durante las actividades, especialmente en las carreras de caballos y el sacrificio de los patos.
La participación como correlón o negrito responde a promesas o mandas, asumidas como compromiso para cumplir durante los festejos, en agradecimiento por favores recibidos —relacionados con salud, estudio, economía, propiedades o amor— atribuidos a la intercesión de los santos. Asimismo, se observa la presencia de madrinas, quienes obsequian o adornan a los caballos para las actividades.
Jinetes
Los jinetes participan en carreras de velocidad sobre calles empedradas que concluyen en los terrenos del panteón. En tanto, el sacrificio de los patos se realiza en una calle designada, donde compiten dos equipos: el amarillo, de San Pedro Mártir, y el rojo, de San Marcos. En esta práctica, los jinetes intentan arrancar la cabeza de los patos colgados, con la creencia de que la sangre derramada fertiliza la tierra y propicia buenas cosechas, en un ritual de origen ancestral.
Asimismo, se lleva a cabo una representación de la guerra entre colonizadores españoles contra indígenas y esclavos africanos, en la que los participantes se arrojan terrones de azúcar del tamaño de piedras.
Nombramiento
El festejo culmina con una procesión hacia la iglesia de Candelaria, donde se recoge la imagen de San Pedro Mártir para recorrer las calles del pueblo en un anda. Con ello concluyen las actividades y se realiza el nombramiento de los representantes de los dos equipos para el siguiente año, a quienes se entregan las banderas, así como la designación del próximo mayordomo.












