“La sombra del Martinato. Autoritarismo y lucha opositora en El Salvador 1931-1945”, es el título del libro que será presentado este viernes a las 5 de la tarde por su autor, Luis Gerardo Monterrosa Cubías, de origen salvadoreño.
La obra es una coedición entre el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (Cimsur), dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), con sede en El Salvador.
Monterrosa Cubías explicó en entrevista que el libro habla sobre el régimen del militar y dictador Maximiliano Hernández Martínez “y un poco más porque examino también la supresión de un proyecto democrático que se instauró luego de la partida” del presidente en 1944, cuando comenzó en Guatemala “lo que se ha denominado la primavera democrática” de ese país.
“El libro abarca de 1931, cuando Hernández Martínez llegó a la presidencia hasta 1945, cuando tomó el poder Salvador Castaneda Castro y acabó con las aspiraciones democráticas del grupo que forzó la caída de Hernández Martínez con la famosa huelga de brazos caídos”.
“Lo que se aborda primero son los pilares del régimen, su continuismo, las reelecciones y este proyecto democrático que se dio en 1944, su supresión y toda la represión que se dio. La matanza de 1932 aparece, pero a diferencia de otros estudios que la han inclinado de lleno, yo evalúo los réditos que obtuvo el régimen con la matanza”, agregó el autor, quien radica en San Cristóbal de Las Casas.
Dijo que “Hernández Martínez estaba entonces a punto de ser expulsado de la presidencia porque llegó por medio de un golpe de Estado y los gringos habían hecho firmar a los gobiernos centroamericanos un famoso pacto de paz y amistad en 1923 que prohibía la instauración de presidentes, como producto de golpes de Estado”.
Manifestó que Hernández Martínez “ya estaba listo para despacharse, por lo que la rebelión de 1932 le cayó como anillo al dedo porque le permitió demostrarle a los gringos que era sumamente valioso en el combate al comunismo. Lo que hago en el libro es examinar cómo la población civil lo acuerpó y se dedicó a emprender toda una campaña anticomunista en el país”.
Entones, abundó, “defino a su régimen como anticomunista. Lo que pasó en 1944 es que el anticomunismo había perdido fuerza y cuando vino la huelga de brazos caídos y un intento de golpe de Estado, Maximiliano Hernández no los pudo reprimir de lleno porque no tenía ya la justificación, pues no eran los tiempos férreos del anticomunismo y se había vuelto bastante problemático para ciertos capitalistas salvadoreños que vieron el continuismo con desconfianza”.
Comentó que cuando se fue Hernández Martínez en 1944, su ministro de guerra y marina fue nombrado presidente provisional. “Fue cuando surgió una figura poca estudiada en la vida salvadoreña: la de Arturo Romero, médico que se lanzó a la candidatura y luego tuvo que salir de El Salvador por un atentado; se vino a México, luego a Guatemala y emprendió una incursión armada en su país, pero fracasó porque fue reprimida. Ahí, por cierto, murió un hermano del poeta Hugo Lindo. Eran jóvenes. No encontraron el apoyo que esperaban”.












