"Domingo 16 de marzo, a las 12 horas. Inician los apagones por toda la ciudad; se van los semáforos y los refrigeradores en las casas se apagan, al igual que los tornos fabriles. Muchos generadores de luz privados se echan a andar, sobre todo en hospitales y centros neurálgicos para la seguridad nacional. Las banderas de huelga son desplegadas por los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) frente a las instalaciones y estaciones de Luz y Fuerza, al mismo tiempo que, en tenso operativo, soldados comienzan a escoltar a los trabajadores de CFE que operarán la requisa. zEste es el domingo que queremos pasar manana? zEs posible evitarlo? Pensamos que con diálogo y prudencia el paro podrá ser conjurado.
Todo depende de las habilidades negociadoras de ambas partes, que parecen seguir en un juego de ""vencidas"" y forzando sus posiciones, pero mantienen como rehenes la vida, la economía y la tranquilidad de los usuarios del servicio eléctrico en el centro del país.
Ano con ano la negociación salarial del SME suele estar acompanada de una agresiva campana propagandística sindical, de corte ideológico, mientras la empresa y el gobierno federal -que es a final de cuentas el que subsidia a LyFC- responden con un amplio y variado muestrario de las ""joyas"" contenidas en el contrato colectivo, que explican la obesidad de su administración, lo pesado de su pasivo laboral y los excesos en las prestaciones a los trabajadores, que nadie duda que hayan conquistado a lo largo de los anos, pero que conforme avanza el tiempo se divorcian cada vez más de la realidad financiera del país.
Este tradicional toma y daca sólo llevó la sangre al río en 1987, cuando una huelga de cinco días, declarada inexistente al final, obligó al gobierno federal a requisar las instalaciones para evitar un caos como el que algunos desean ver el próximo domingo.
La diferencia entre la exigencia sindical de un aumento de 16% directo al salario y 8.5% en prestaciones, contra el 3% ofrecido por la empresa suena abismal, si la postura de las partes es no moverse y apostarle al desgaste y a la indignación social por un eventual paro, sin reparar que con la huelga nadie gana, ni el gobierno ni los trabajadores electricistas, pues ambos serán igualmente responsables del entorpecimiento de la vida nacional si el fluido eléctrico se afecta manana.
La única víctima sería la sociedad, que no vería en el paro un heroico sacrificio sindical ni una sufrida victimización de la empresa, sino el resultado de la intolerancia y cerrazón más absolutos, amén del impacto sobre la economía del país y su negativo mensaje a posibles inversionistas.
Es tiempo de descartar esa tendencia que sugiere que negociar con los contrarios políticos es transar y venderse, y que lo único digno es no moverse ni un ápice del planteamiento original. Hay que pensar en modificar el aparente destino manifiesto antes de la huelga. (El Universal)
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