Humo de cigarro y burbujas de refresco

"La discusión legislativa sobre el presupuesto de gastos del ano próximo se ha centrado en el aumento de impuestos a cigarros y gaseosas, improvisado para allegar más recursos fiscales, pero medida que una vez más elude abordar la materia principal de la cuestión: la recaudación fiscal en México es baja para las necesidades del país.

México es el segundo consumidor de refrescos en el mundo -más de 115 mil millones de litros al ano-, un producto que, donde escasea el agua o abunda la precariedad alimenticia, resulta apetitoso. El refresco provee de calorías a los trabajadores que sienten una súbita recuperación cuando se lo toman, pero no hay que atribuirle excesivas propiedades nutritivas. El aumento en el impuesto para los refrescos podría ser de 5%. Habrá que estar atento para ver que lo que llegue a recaudarse efectivamente se traslade al fisco y no repercuta en un alza para el consumidor que deje intactos los ingresos de las refresqueras.

En cuanto a los cigarros, esos sí imposibles de defender -aún para los más avezados de los cabilderos-, sería de 140%. Las graves enfermedades del aparato respiratorio y los diferentes tipos de cáncer que el cigarrillo produce, merman el presupuesto de salud y ocasionan pérdidas considerables en la economía nacional.

Ambos impuestos, sin embargo, resultan pálidos paliativos ante la insuficiencia de la recaudación nacional que debe ser remediada a fondo, con un pacto fiscal que está más que justificado y que debería comenzar a configurarse entre la Secretaría de Hacienda, el Congreso y los gobiernos de los estados el ano próximo.

En términos generales, el Presupuesto de 2007 ha sido formulado sobre la vieja idea de mantener el equilibrio de la macroeconomía, sin inversiones que incidan significativamente en la generación de empleos y en el crecimiento. Es explicable que así haya sido, porque el nuevo gobierno entra unas semanas antes de que el presupuesto deba ser sometido a la Cámara de Diputados.

Este primer presupuesto difícilmente puede definir a la Presidencia calderonista, si acaso lo llamativo de los impuestos a cigarros y a tabaco, así como la reconsideración del cálculo del precio del barril de petróleo, que Hacienda comprensiblemente siempre quiere considerar más abajo, es una fórmula para lo que popularmente llamamos ""sacar al buey de la barranca"".

Pero lo sustantivo quedó ausente en la premura de una cuestionada toma de posesión. En el Congreso los partidos, esta y todas las veces, tienen la oportunidad y la responsabilidad de corregir la orientación del gasto público que presenta el Ejecutivo.

Para el de 2007 ellos también llegaron barriéndose a la meta, pero no será excusa para olvidar objetivos claros y tener en cuenta los intereses sociales y particulares, los deberes del Estado y, sobre todo, la posibilidad de alentar la inversión en renglones que ayuden al despegue efectivo del empleo, en particular, y del desarrollo económico nacional, en lo general.

Cumplido el compromiso del trámite presupuestal de este accidentado 2007, se acabaron las excusas para sentar las bases de una estructura fiscal para México a la altura del siglo XXI. (El Universal).

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