“Este Domingo de Ramos hemos exhortado a los fieles a dejar que el Señor Jesús entre triunfante como rey, ya no en Jerusalén, sino en nuestros corazones”, dio a conocer la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez.
A través de un comunicado, la institución católica dijo: “Este Domingo de Ramos nos encontramos en la antesala de la Semana Santa, la celebración del gran amor de Dios por la humanidad. El Dios-amor que ofrece su vida porque nos quiere felices, hombres nuevos, mujeres nuevas con una vida renovada. En estos días celebramos la grandeza del amor de Dios por nosotros. Vivamos estos días con el gozo de la fe, el gozo de ser amados”.
También señala que Dios, al quedarse en la eucaristía, al ofrecer su vida en la cruz y al resucitar hace santos estos días, y ello nos invita a ser santos amando, pasando por este mundo haciendo el bien.
Además apunta que estos días son una fuente de vida. “¿Qué celebramos? ¿Qué exige de nosotros? Nuestra actitud, desde el Domingo de Ramos, tiene que ser: acompañar a Cristo en su cruz para gozar de su resurrección, pues amor con amor se paga. Este Domingo de Ramos hemos exhortado a los fieles a dejar que el Señor Jesús entre triunfante como rey, ya no en Jerusalén, sino en nuestros corazones”.
Sobre el Jueves Santo, explica que se celebra la institución de la eucaristía, la institución del sacerdocio ministerial, el mandato del amor.
Con relación al Viernes Santo, la comunidad cristiana proclama la pasión del señor y adora su cruz como el primer acto de este misterio de amor. Aunque ese día está centrado en la cruz del señor, no es correcto quedarse solo en el aspecto de la muerte, pues hay que vivir ese día con un corazón acompañado de la esperanza cierta de la resurrección.
Ya en el Sábado Santo, “la Iglesia permanece con María, nuestra madre, en espera silenciosa del actuar del Dios de la vida, junto al sepulcro del Señor”.
La Vigilia Pascual es la celebración más importante del año. Es un día de alegría sin igual que se prolonga a lo largo de la cincuentena pascual.
Y finalmente, pide que las mismas vacaciones no nos roben la oportunidad de gozar de la grandeza del amor de Dios por nosotros y de resucitar con Jesús a una vida nueva, dejando nuestros sepulcros de tristeza, egoísmo y pecado.












