Igualdad de género

"El ""Diario Oficial de la Federación"" publicó ayer la Ley Federal para la Igualdad de Mujeres y Hombres, aprobada en abril por unanimidad en la Cámara de Diputados, la cual entrará en vigor manana.

Quizás desde que fue concedido el voto a la mujer, en 1953, no había habido otra resolución parlamentaria a favor de la equidad de género como ésta que prevé una acción global de los gobiernos federal, estatal y municipal para promover acciones que fomenten la igualdad entre hombres y mujeres, con la participación central del Instituto Nacional de la Mujer y con un órgano de observación con atribuciones para recomendar correcciones.

La ley, que beneficia particularmente a la mujer, está inspirada en la legislación vigente en Espana y se da cuando la participación de las mexicanas es notable en todos los ramos de la vida pública nacional, aunque hay evidentemente sectores en los cuales las condiciones de inequidad no han sido abolidas.

La nueva norma ha sido bienvenida en general, aunque se observe la falta de sanciones para los infractores, porque se le ha visto con agudeza como una ley paraguas bajo cuyo amparo puedan prosperar otras iniciativas para proteger a las mujeres de una vida de violencia y para ampliar el acceso a la salud sexual y reproductiva.

Poco más de la mitad de la población mexicana está constituida por mujeres, tradicionalmente constrenidas a la atención del hogar y la familia, con mínimas oportunidades de educación y con tratos discriminatorios en el campo laboral y social.

La situación actual dista de la que hubo hasta mediados del siglo pasado, cuando la mujer pudo acceder a los puestos de representación popular y de gobierno, lo que enriqueció la vida pública. Con la apertura, las mujeres han brillado en mayor número en todas las actividades, del deporte a los negocios, de la ciencia a las bellas artes, al servicio público y a los medios de comunicación. Todos habíamos perdido mucho con su marginación.

La ley, por supuesto, no va a producir cambios acelerados y espectaculares en una igualdad de géneros que se ha estado dando progresiva y consistentemente, pero sí va a contribuir a la afirmación de las convicciones de justicia y de necesidad de sumar a las mujeres al parejo con los hombres en la vida diaria, en los sectores en donde aún pueden encontrarse resistencias.

La historia ha probado cómo las supuestas diferencias entre géneros se han esgrimido más como excusas para eliminar la competencia leal que como certezas. Esos tiempos ya han sido superados.

La nueva ley, sobre todo, es el marco jurídico debido para dibujar la plenitud de derechos de las mujeres y concederles las garantías para el respeto a su integridad y el reconocimiento a sus oportunidades de educación, trabajo, salud y trato. Al mismo tiempo, esta legislación les obliga a responsabilidades firmes; una de ellas es la de mantener distancia de aquella vieja historia que las marginaba y les otorgaba pocos incentivos paral la vida productiva y creativa.

Los prejuicios culturales que han estorbado la aceptación de que los géneros son igualmente valiosos e indispensables en una convivencia digna, han recibido otro revés definitivo con la promulgación de esta ley. (El Universal)

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