"Rafael Espinosa * CP. Derivado de la crisis económica que atraviesa el país, en Chiapas los precios de los productos de la canasta básica se elevaron exorbitantemente. En Tuxtla Gutiérrez, la capital chiapaneca, encareció el azúcar, el tomate, los huevos y el frijol.
En menos de un mes casi se triplicaron los precios. El saco de azúcar de 50 kilogramos costaba 270 pesos, ahora está cerca de los 600. En los centros comerciales donde se supone que es más barato que en las tiendas de la esquina, está a 16 pesos el kilogramo.
La reja de 18 kilos de tomate comiteco estaba a 150 pesos, actualmente se compra a 250, denuncian los comerciantes.
El costal con 20 kilos de limón persa subió a 90 pesos cuando antes lo adquirían hasta en 30.
Asimismo ocurrió con el frijol de la Frailesca; de 500 pesos el bulto de 50 kilos ahora oscila a los 850, es decir, en los tendejones lo ofrecen a 20 el kilogramo.
El pollo subió de 25 pesos el kilo a 36 en los mercados públicos. Toda esta información se consiguió en un sondeo en los diversos centros de abasto de la ciudad.
Aunado a la crisis económica, el cambio climático también les afecta a los agricultores por las irregulares precipitaciones pluviales y por lo consiguiente hay menos utilidades en los minoristas.
Verónica Rincón, vendedora de la nave 6 de la Central de Abasto, informó que el encarecimiento de los agroquímicos ha provocado que los agricultores aumenten el precio del tomate.
Ella, encargada del local denominado ""Josefina"", afirmó también que el desequilibrio ambiental es un factor determinante. En ocasiones son las temporadas de estiaje, en otras la lluvia en demasía.
Es decir, explicó, a veces no se recupera la inversión de los químicos. Si no es por falta de agua es por sequía o por las inclemencias del tiempo. Al siguiente ano, por las pérdidas, los agricultores siembran menos y encarece el producto.
Por su parte, Joel López, comerciante de limón persa en la Central de Abasto, comprador del fruto en Tabasco y Chiapas, reveló que el ano pasado hubo limón en abundancia, barato y se perdió mucho. Para este ano, dijo, los productores cosecharon menos y se alzó el precio. Paradójicamente, senaló, se vende más cuando está más cara la mercancía porque no se consigue donde quiera.
En otro orden de ideas, Lucy Jiménez, negociante de pollos destazados en el Mercado San Juan, reconoció que el acelerado aumento del costo ha provocado que ahora los clientes compren la menudencia, las patas y las cabezas del pollo (20 pesos el kilo).
""Esto no era común. Antes compraban pechuga y pierna (36 el kilo)"", recordó Lucy Jiménez, quien dijo que en la Colonia 20 de Noviembre, Chiapa de Corzo, el kilo está a 40 pesos.
Los altos precios han causado que los tuxtlecos, principalmente los pobres, excluyan esos productos de sus comidas cotidianas de tal suerte que también ha generado delincuencia de productos de la canasta básica en los suburbios de la ciudad.
La senora Dominga Pérez vive en una casa con paredes de madera y techo de cartón, en la Colonia Las Granjas, al nororiente de Tuxtla Gutiérrez. El pasado viernes compró un poquito de despensa en el centro de la capital y la dejó en su mesa.
Cuando ella regresó de comprar tortillas para completar la comida, su despensa ya no estaba pese a que cerró con llave su domicilio.
Así le ocurrió a la senora Vicenta Ramírez, habitante en un hogar parecido al primero. Llevó a sus hijos a la escuela y cuando regresó le hacía falta un cuarto de arroz, medio kilo de frijol y medio litro de aceite. ""Mientras sea por comida, está bien"", dijo sonriente dona Vicenta, hace una semana.
Ayer la senora Blanca Domínguez guisó sin tomate porque el dinero no le ajusta. Ella tienen tres hijos mayores de edad y su esposo gana apenas 600 pesos semanales, es decir, 100 pesos diarios.
Dona Blanca dio 20 pesos de gasto a cada uno de sus dos muchachos que estudian la preparatoria. Su hijo pequeno ingresa a la primaria el próximo lunes.
Para la comida le quedaron 60 pesos; 20 para un kilo de frijol, 16 para uno de azúcar y algunas verduras a precio bajo, menos tomate, porque está a cinco pesos el cuarto. Por fortuna ella tiene limón en su patio, pero no se salvó de comprar un litro de aceite y un garrafón de agua.
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