Idealmente, a la hora de emitir su voto para sancionar leyes y enmiendas, los legisladores deben tener presente, sobre todo, el interés de los mexicanos y, en particular, el de quienes los llevaron a ocupar tan alta responsabilidad mediante su elección democrática. Así, su trabajo debe procurar el bienestar social y el de la nación.
Ciertamente, a la hora de votar, solos con su conciencia, los diputados tienen que lidiar con sus convicciones ideológicas y morales, algo íntimo; pero también sabemos que, por desgracia, en ocasiones también pudieran tener que hacerlo con las tangibles e intangibles presiones de quienes serán perjudicados o beneficiados por su voto.
Esta realidad, que generalmente está fuera del alcance del ojo público, es en ocasiones muy nítida y pudo haber ocurrido ayer cuando los 148 diputados del PAN que, en su mayoría, habían estado dispuestos a aumentar del 110 al 130% el impuesto a los fabricantes de cigarros, y a darle fuerza de ley al convenio que tasa con un peso por cajetilla para el gasto de salud pública modificaron su posición para aliarse con los 248 diputados del PRI que se oponían a las medidas, con un artículo transitorio para retrasar un ano, hasta 2007, el aumento al tabaco.
Surge la suspicacia porque, de pronto, el diputado panista Miguel Ángel Toscano, subió ayer mismo a la tribuna para afirmar que el cambio de posición de los integrantes de su partido se modificó después de que varios diputados de diferentes partidos habían sido invitados por las tabacaleras al extranjero, particularmente a Barcelona y Madrid, en Espana; Brasil, Costa Rica y París, en Francia.
De ser cierto lo dicho por el diputado Toscano, estos viajes aparentemente incidieron en el resultado de la votación de la iniciativa de ley en primera lectura, ayer, y se podría repetir manana, con lo que ésta regresaría a comisiones.
La negativa a este aumento de impuestos se traduce en multimillonarias pérdidas en recaudación fiscal para el país, por lo que además de los males en el aparato respiratorio y en el sistema circulatorio, los cigarros también podrían causar cierto tipo de cáncer al cuerpo social de México, el de la corrupción. Ni en México ni en los demás países son extranos los cabilderos, nacidos precisamente en los congresos, donde antano deambulaban por el recibidor a la caza de legisladores para sumarlos a la causa de proteger la prosperidad de ramos específicos de la actividad económica, financiera, comercial e industrial de cada país, con más buenas que malas razones, suponemos.
Pero eso no significa que el resultado de esta actividad deba distorsionar la orientación ética de los votos legislativos y mucho menos que con ello se cause un dano físico o moral a una sociedad, en este caso la mexicana. Esto nos lleva a pensar que habría que revisar la agenda legislativa para advertir cuántos buenos proyectos de ley se ajustaron, pospusieron o rechazaron en aras de los intereses de una minoría con el concomitante perjuicio de la mayoría. Y, de ser cierto lo dicho por el legislador Toscano, no son estos los diputados que deseamos en el Congreso de la Unión ni en las legislaturas estatales.
Será bueno que al emitir su voto, los legisladores actúen con un criterio de hombres de Estado y de la responsabilidad social e histórica con la que deben llevar a cabo su tarea. El sí, o el no, es su responsabilidad y para ello deberán hacer acopio de ética y de certeza; y será responsabilidad de todos nosotros calificar si los resultados son los que esta sociedad mexicana requiere para su salud y para su bienestar colectivo. (El Universal).











