Con 220 mil plantas frutales en la Sierra Madre de Chiapas, se diseña el más amplio programa de reforestación que a mediano plazo podría cambiar el rostro productivo y económico de la región.
En el marco del programa “Sembrando Vida” se plantea recuperar muchas áreas que han sido deforestadas para sembrar cultivos de autoconsumo como el maíz y frijol, lo cual se podrá seguir haciendo pero intercalado con especies agroforestales.
Se trata de plantas certificadas de manzana, durazno y pera, que han sido distribuidas en los municipios de Siltepec, Bejucal de Ocampo, La Grandeza, El Porvenir y Motozintla, en donde existen decenas de viveros comunitarios ya instalados.
El coordinador regional de Sembrando Vida, Jorge Aguilar Reyna, explicó que se han realizado los estudios técnicos para determinar las especies frutales que se están sembrando en la sierra chiapaneca, en donde en años pasados se inició la reconversión productiva que ya está dando resultados con el cultivo de durazno.
Las plantas han sido distribuidas en los dos primeros meses de este año, en cuatro remesas de manzana royal gala, durazno diamante mejorado, durazno oro azteca y pera Williams, que “son frutas adecuadas para sembrarse en la zona alta de la sierra”.
Estableció que se cumplen las metas establecidas en la sierra chiapaneca para la reactivación de los sistemas productivos sostenibles, mediante el incremento de la productividad en las comunidades rurales.
Y es que considera que al tenerse las plantaciones en producción se incrementarán los ingresos de las familias rurales, reactivándose con ello el rescate del campo, mediante el desarrollo de sistemas agroforestales.
Apuntó que especialistas de la Universidad de Chapingo y de la Dirección General Agroforestal de Sembrando Vida, se encargan de verificar la calidad genética de las plantas entregadas a los productores.












