En el reciente Consejo de Unidades de alta especialidad del Instituto Mexicano del Seguro Social, su director, Juan Molinar Horcasitas, al lado nada menos que de los líderes charros de sindicatos oficiales -CTM, CROM y CROC- y de los incondicionales de la línea empresarial -Concanaco y Concamin-, soltó la enésima amenaza de que el Seguro Social está quebrado pero que, pese a ello, seguirá cumpliendo con su elevada función.
A ocho anos de gobierno panista y con una reforma a la Ley del IMSS para reducir prestaciones y derechos a sus trabajadores que, se decía, iba a solucionar los problemas financieros, el IMSS va de mal en peor. Saturación de servicios médicos en ciudades, lentitud en provincia y abandono en zonas rurales; todo con el agravante de la limitación y la escasez de medicamentos.
Los líderes sindicales y empresariales ni se inmutaban. Oían al director y se frotaban las manos para conseguir más contratos como proveedores o constructores. Ellos, con el gobierno, forman el consejo tripartita que ha permitido que la conquista más importante de los auténticos trabajadores se venga abajo sin que se vislumbre algún remedio. Seguramente están coludidos para seguirlo deteriorando igual que a Pemex, para después decir que no hay otra solución que privatizarlo como ya ocurrió con los fondos de pensiones entregados a la voracidad de la banca extranjera del país.
Ninguno de los presentes son capaces de denunciar que el IMSS reduce sus ingresos porque tiene acuerdos ocultos tan importantes, como por ejemplo con el Grupo Minera México, al que le permite contratar trabajadores a nombre de terceros (outsourcing) para cotizar abajo y no incrementar sus cuotas por el índice de riesgos de trabajo. Recuérdese el caso Pasta de Conchos, tras el cual los 65 mineros asesinados no afectaron el índice de riesgos profesionales de ese importantísimo grupo minero.
Lo mismo ocurre con la concesión del IMSS al Monte de Piedad para que sus trabajadores no se inscriban en el seguro de retiro y jubilación a fin de ahorrarse los pagos al instituto. Infinidad de casos, además de la corrupción tripartita, podrían citarse para demostrar por qué el IMSS sufre carencia de recursos.
Lo que todavía es peor: nadie dijo que el programa Seguro Popular, con manifiestos fines electorales y que no es sino el que se cumplía con los tradicionales servicios de salud que prestaba la secretaría del mismo nombre a la población en general, hoy constituye una duplicidad de gasto, burocracia y gigantescos presupuestos que se le sustraen al Seguro Social y a la propia secretaría del ramo. La misma suerte correrán los presupuestos federales y locales de desarrollo social con la campana para Vivir Mejor, que se proyecta para las elecciones del ano entrante.
Profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM











