En lo que va del año se ha registrado saldo blanco en cuanto a crímenes de odio contra personas lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT) en Chiapas, sin embargo, se ha documentado un considerable incremento de agresiones a migrantes LGBT en las zonas fronterizas y de tránsito, como Palenque, Tapachula, Comitán, Frontera Comalapa y otros municipios.
La activista trans por los derechos LGBT, Maricarmen Pereyra Vázquez, comentó que homosexuales, lesbianas, y principalmente mujeres trans, han reportado que sufren agresiones por parte de la población e incluso por los elementos de seguridad pública, que van desde insultos hasta violaciones y tortura, todos delitos graves.
Desafortunadamente, el desconocimiento y temor por su situación de indocumentados, las víctimas de estas agresiones no denuncian ante las instancias correspondientes, por lo que quedan impunes, pero son registrados por organizaciones civiles.
La activista destacó que existe un vacío legal en la legislación del estado respecto a que los crímenes de odio contra la población LGBT no están tipificados como delitos graves, a pesar de que la mayoría son cometidos con saña y brutalidad, simplemente porque son disidentes sexuales.
Mencionó el caso de un maestro que fue asesinado en Villaflores hace tres años aproximadamente, a puñaladas y golpeado en la cabeza con una piedra. El responsable confeso fue sentenciado a únicamente tres años de cárcel, a pesar de la gravedad del delito.
Bajo ese contexto, activistas chiapanecos han buscado que la legislación sea modificada para que se tipifiquen los crímenes de odio y haya sentencias fuertes de hasta 60 años para los responsables, para que se replantee el pensamiento de los probables psicópatas que cometen esos actos.
Terapias de conversión
Pereyra Vázquez indicó que existe otro vacío legal sobre las terapias de conversión. Hay muchos testimonios de jóvenes lesbianas y gays que son enviados a centros de tratamiento de adicciones en municipios como San Cristóbal de Las Casas y Tuxtla Gutiérrez, para supuestamente curarlos y volverlos heterosexuales.
Estos centros de tratamiento en algunos casos tienen tintes religiosos, y es ahí donde hay tortura psicológica y muchas veces física; en el caso de las mujeres lesbianas, se suscitan violaciones correctivas para “volverlas mujeres”.











