“Matrimonio, aborto forzado y violencia sexual son algunas de las prácticas de arraigo sociocultural que se deben erradicar, y para ello las legislaciones deben enfocarse en el refuerzo de los derechos sexuales y reproductivos”, sostuvo la directora de Promoción y Capacitación de la Cuarta Visitaduría de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Sofía Román Montes.
Durante la conferencia “Derechos Sexuales y Reproductivos de las Mujeres” para la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, se aclararon los siguientes conceptos:
“Salud sexual se refiere a un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad, con un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y relaciones sexuales placenteras, seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia”.
Mientras que la salud reproductiva, explicó, aborda los mecanismos de la procreación y el funcionamiento del aparato reproductor de todas las etapas de la vida, donde mujeres y hombres puedan elegir métodos de control de fertilidad seguros, eficaces, asequibles y aceptables, y donde el Estado dote de acceso de servicios de información y salud.
Si bien ambos están relacionados, “constituyen dos grupos de derechos y la distinción resulta fundamental, ya que durante mucho tiempo se consideró erróneamente que la vida sexual de las mujeres no podía estar separada de la reproducción”, apuntó.
Sobre los derechos reproductivos, la visitadora enlistó una serie de derechos englobados, como decidir de forma libre y responsable el número de hijos, con quién, cuándo y cómo tenerlo, es decir, una educación oportuna e integral con información completa, científica y laica.
Asimismo, el derecho a la información y acceso a métodos anticonceptivos, al acceso a servicios de aborto legal, seguro y de calidad, y a un servicio de salud libre de discriminación y violencia.
Mientras que los derechos englobados en los derechos sexuales son: el derecho a decidir de forma libre sobre el cuerpo y sexualidad, a manifestar públicamente los afectos, a ejercer y disfrutar una vida sexual con respeto de intimidad y vida privada bajo una libre determinación de con quién, cuándo y cómo ejercer la sexualidad libre de toda discriminación, con servicios de salud sexual bajo una igualdad de oportunidades y con derecho de participar en políticas públicas.











