De acuerdo a la investigación de Mariana Ruiz Gómez, del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), que lleva por título “El género en las experiencias de violencia de mujeres de Chiapas”, en la zona de Los Altos la violencia de género comienza desde la infancia y se acrecienta, siendo una constante de toda la vida.
De acuerdo a Ruiz Gómez, en las entrevistas realizadas “todas las mujeres cuestionadas comenzaron a experimentar algún tipo de violencia desde edades tempranas; recibían golpes, insultos o regaños. El maltrato ocurría con objetos como cinturones, palos, cueros o utensilios”.
Siendo la casa el lugar donde se presentaba la mayor incidencia, secundada por la escuela. Sus principales violentadores eran sus padres, madres e incluso los abuelos. “Esto indica que son las personas responsables del cuidado de las hijas quienes mayormente las maltrataban”, puntualizó.
Aclaró que se trata de prácticas generacionales, pues padres y madres tratan a sus hijas de la forma en la que fueron tratados, subrayando que su experiencia de género está conformado por expectativas sobre su rol: casarse, tener hijos y atender al marido.
La violencia es un marcador importante porque es el instrumento que se utiliza sobre ellas para indicarles cuál es el rol social que les corresponde y las consecuencias en caso de que lo trasgredan.
Adolescencia
La experiencia de la juventud sirve para reforzar muchos roles, sin embargo, la investigadora enunció un relato en el que una abuela de una de las informantes le dijo: “No, hija, cuando estás así vas a ser mujer, ahorita estás como hombre, ya después ya viene tu menstruación, a los doce o trece”.
Destacó que ese relato puede ser interpretado como un parteaguas en la experiencia femenina, por la forma en que son consideradas.
“En la juventud, las mujeres entrevistadas experimentaron sus primeros acercamientos amorosos con el sexo opuesto; las edades de ello oscilaban entre los quince y veinte años. En esta etapa las mujeres no dejaron de experimentar violencia, de hecho, se reconfiguró o acentuó en lo relacionado con su sexualidad”, dijo Ruiz Gómez.
La investigadora recalca que en la experiencia adulta de sus informantes resaltan dos elementos: la relación con sus hijos y con sus esposos; para los primeros, fungiendo como perpetradoras de la violencia, mientras que continúan siendo violentadas por sus parejas.
Los motivos más recurrentes por los que había conflictos con sus parejas son porque el marido toma alcohol, porque lo desobedecían, falta de confianza, porque el esposo tiene problemas en el trabajo, infidelidades de este, por problemas económicos, etcétera.
“Tal como en la infancia y juventud, las mujeres casadas manifestaron que en el matrimonio hay distinciones entre lo que puede y debe hacer un hombre y una mujer, así como la sensación que tienen ellas de menor libertad que ellos”, concluyó.












