Inician las campanas electorales

Iniciadas formalmente hoy las campanas para la renovación de los poderes federales Ejecutivo y Legislativo, interesa que el recorrido hacia las elecciones del domingo 2 de julio próximo se haga con civilidad y con plena responsabilidad de los participantes, tanto candidatos como dirigentes políticos.

Las elecciones próximas serán históricas en más de un sentido, principalmente porque ya no hay un partido hegemónico en el poder, como ocurrió en más de las dos terceras partes del siglo pasado, y ello nos da la oportunidad de dar un paso importante en la consolidación de nuestro sistema democrático, si actuamos con limpieza, con claridad y hacemos que predomine una idea de estado por encima de los intereses comparativamente menores de los partidos.

La buena política necesita cimientos éticos inamovibles que antepongan la genuina aspiración por un mejoramiento general de la calidad de vida de toda la sociedad. El desdén por la ética despoja al político de principios y lo desnuda, para dejarlo como un ser amoral ávido solamente de poder para su beneficio personal y el de su grupo. Ya hemos conocido muchos ejemplos de esos en nuestra historia.

Los candidatos que aspiran a la Presidencia de la República son bastante conocidos. Este trayecto final es su última oportunidad para que nos convenzan por qué uno de ellos es mejor que los otros para que le demos nuestro voto.

Tienen que decirnos no sólo que van a restituir la seguridad pública, acabar con la pobreza, fomentar inversiones, generar empleos, impulsar la investigación científica, fomentar la cultura y el deporte, liquidar la corrupción y enfrentar el crimen organizado. Eso es fácil. Lo que queremos saber es cómo y en cuánto tiempo lo van a lograr y a financiar, y qué costos intangibles hemos de pagar.

Las frases tipo comercial publicitario son una partecita de las campanas. El respeto a los ciudadanos exige que se le ofrezcan ideas, sentido profundo de lo que se entiende realmente como Gobierno, no trivialidades machaconas inimpugnables.

Sin alardes de presunción, México requiere, más que nunca, de un ideal filosófico, de una divisa que recupere nuestra esencia y nos marque la ruta del ascenso. Así es como marchan los pueblos. Las campanas que hoy inician deben evitar los excesos. Ya es considerable el monto de los recursos que se ponen legítimamente a disposición de los partidos para que éstos aún busquen formas de anadir fondos que, además de darles indebida ventaja electoral, ponen en entredicho la correcta conducta de los futuros gobernantes, así favorecidos, mas no desinteresadamente.

Lo más recomendable es que todos los aspirantes se abstengan de incurrir en acciones que los expongan ante los votantes.

La pugna electoral, que por su naturaleza está expuesta al público, debe mantener su transparencia de modo que los electores estén en capacidad de conocer a qué intereses responden los candidatos, cuáles son los grupos que los apoyan y qué esperan a cambio.

Este es un planteamiento valedero. Si por ejemplo, los medios electrónicos apuestan sobre seguro, otorgarán a todos los candidatos las mismas condiciones y oportunidades en radio, televisión e Internet, para obtener reglamentaciones federales que colmen sus expectativas empresariales. Las campanas deben ser el foro para que cada candidato exprese su opinión sobre el particular.

Reiteramos la trascendencia de estas elecciones y la responsabilidad que los actores tienen, si entienden cabalmente su decisivo papel. (El Universal)