"Entre filtraciones comenzó el debate de un proyecto fundamental para la presidencia de Felipe Calderón Hinojosa: el marco mediante el cual se buscará una mayor recaudación pública. Despetrolizar las finanzas nacionales, gravar las actividades económicas informales y combatir la enorme evasión fiscal son los ejes de un texto cuyos autores llaman ""reforma"" y cuyos críticos descalifican como simplemente una nueva ""miscelánea"" fiscal. La discusión que así se abre no se limita a un asunto semántico. Será importante que el Ejecutivo defina en los próximos días el alcance de sus propuestas, y puntualice cómo se hará la recaudación, a quiénes se gravará y cómo se asegurará que los recursos frescos cumplan las metas convenidas para favorecer el desarrollo equitativo y la inversión. La iniciativa requiere ser ponderada cuidadosamente, en un debate amplio e incluyente, pues responde a la vieja y reiterada demanda de modernizar la hacienda pública, compartida en los fines pero no en los medios. Nada sería más perjudicial que aprobar la propuesta en siete minutos o rechazarla a priori. La política fiscal es instrumento básico para hacer justa la distribución de la riqueza y alentar el desarrollo económico y social. La iniciativa del Ejecutivo es generosa al explicar el proceso de recaudación y parca al evaluar las consecuencias del nuevo plan de ingreso público. La reforma tiene un móvil claramente senalado, pues si el aumento de la recaudación responde a los cálculos, Petróleos Mexicanos podrá ser liberado de la exagerada carga impositiva que padece.
Casi 40% de los ingresos fiscales actualmente son aportados por la empresa paraestatal, impedida por ello de hacer las inversiones necesarias en nuevas exploraciones submarinas, explotación y refinación. Con rendimientos decrecientes en su producción, el alivio fiscal para Pemex, de llegar a darse, será un aspecto relevante del proyecto. Pero no es tiempo de echar a vuelo las campanas. De suyo, el manejo de los dineros públicos es un tema que confronta y apasiona. En la discusión que se avecina deberán ser oídas muchas voces.
El proyecto fue elaborado por expertos, pero tendrá que ser negociado con un espíritu que reconozca que es la sociedad en su conjunto -representada en partidos políticos, pero también en organizaciones patronales, sindicales y civiles- quien puede y debe enriquecerlo durante un debate que privilegie los intereses de las mayorías.
Por ello es aconsejable abandonar el críptico lenguaje de los expertos y traducir los cálculos del nuevo proyecto en explicaciones concretas.
Los sectores sociales, laborales y empresariales interesados en este debate, que es demasiado importante para dejarse totalmente en manos del gobierno, también deben participar abiertamente, no en ""cuartos de a lado"" con anónimos cabilderos.
Es la hora de la responsabilidad. Una de las reformas por las que se ha clamado comienza a revisarse. Se impone su análisis a fondo, con voluntad de que lo que se logre sea en verdad para destrabar algunos de los principales problemas del país, no para lograr el sabor del triunfo partidista ni para el regateo de soluciones justas a un asunto complejo. (El Universal)
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