Inseguridad fronteriza

"Nuestra compleja frontera norte tiene graves problemas de seguridad generados por el crimen organizado. Esto es inocultable. El fracaso de programas como México Seguro, que el gobierno federal implementó en anos anteriores para acabar con la violencia de los cárteles de la droga, ha propiciado que se multipliquen los enfrentamientos entre bandas, las ejecuciones callejeras y las amenazas a grupos organizados de la sociedad civil -la prensa incluida- en las principales ciudades fronterizas.

Esta zozobra ha provocado, por ejemplo, que en Nuevo Laredo algunos ciudadanos hayan preferido emigrar a Estados Unidos, que vivir con la amenaza constante de ser secuestrados o de perder la vida. Ha afectado también a muchos ciudadanos mexicanos, incluso a extranjeros, principalmente estadounidenses, como lo ha denunciado el embajador Antonio O. Garza, quien ha pedido al gobierno mexicano sostener una reunión de alto nivel, la próxima semana, para analizar bilateralmente el problema de la seguridad pública en las plazas fronterizas, cuya violencia ha calificado de ""brutal"".

Ciertamente, hay que sentarse a resolver el problema de fondo. No basta decir, como aseguró ayer el gobierno federal, que ""se mantiene un compromiso indeclinable con la seguridad de las personas que residen o visitan el territorio nacional"", sino garantizarlo en los hechos, con acciones concretas y con un notorio descenso de la actividad delictiva, porque están en juego vidas humanas y afectaciones gravísimas a la economía en comercio y turismo.

Necesitamos saber cuál es el plan de los gobiernos federal y estatales, para combatir la delincuencia organizada, fundamentalmente la de los narcotraficantes. Debemos saber cuántos recursos se están aplicando a tal lucha y cuáles son las acciones extraordinarias que se tomarán en las siguientes semanas y meses para abatir la violencia en la zona norte del país. Estamos en un momento en el que el problema está haciendo crisis y como tal debe enfrentársele.

Una reunión binacional como la que propone Garza, será también una buena oportunidad para que el gobierno de Estados Unidos exponga los casos en los que sus ciudadanos han resultado afectados por la violencia en México y para que exponga de qué manera se hará corresponsable en esta batalla, pues si bien la guerra de los criminales se está dando del lado mexicano, el origen del problema tiene que ver con la porosidad de una frontera que recibe, del lado estadounidense, grandes cargamentos de estupefacientes que satisfacen la demanda del mayor consumidor de droga en el mundo.

Abatimiento de la demanda y detenciones de grandes capos en el vecino país ayudarían mucho a bajar el narcotráfico. Las soluciones no se antojan fáciles, pero en un clima de cooperación y ayuda recíproca se deben armar estrategias conjuntas que pretendan ser contundentes y definitivas.

La mejor diplomacia que puede ejercerse en este caso es la de acordar acciones pragmáticas, que, lejos de enfriar la relación bilateral, la mantengan más estrecha que nunca, porque el problema es compartido, al igual que sus soluciones. (El Universal).

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