La fragmentación de los ecosistemas, así como la reducción de su hábitat debido a actividades como la agricultura, ganadería y los asentamientos humanos, ha condicionado la supervivencia del felino más representativo de México y de Centroamérica: el jaguar.
En México, el jaguar se localiza desde el sureste hasta el río Bravo en el Golfo y en la Sierra Madre Occidental en la costa del Pacífico, hasta los límites con Belice y Guatemala. Actualmente los estados donde se encuentran las poblaciones más importantes de jaguar son Campeche, Chiapas y Quintana Roo.
Las Áreas Naturales Protegidas (ANP) en donde se han reportado las mayores poblaciones son la Reserva de la Biosfera Calakmul en Campeche y la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an en Quintana Roo.
Sin embargo, la presencia del jaguar no se limita a la Península de Yucatán (Yucatán-Campeche-Quintana Roo), también tiene presencia en el Pacífico, la región serrana de Sinaloa y las faldas de la Sierra Madre Occidental en el estado de Sonora; la región de los Chimalapas, la Sierra de Tamaulipas y con menor presencia en áreas de Nayarit, Michoacán y una parte en Guerrero.
La dieta del jaguar se compone de una gran cantidad de mamíferos, reptiles, aves y peces, los cuales al carecer de su principal depredador aumentan su población y por lo tanto aumenta la demanda y consumo de recursos como vegetación, semillas, agua, entre otros, lo que ocasiona una alteración a la dinámica del hábitat.
Sin embargo, la reducción de su hábitat ha ocasionado que la cantidad de presas disponibles para el jaguar disminuya, por lo que en algunas ocasiones se alimenta de ganado, lo que ocasiona el enojo los productores rurales, quienes como consecuencia realizan la cacería del felino para evitar futuras perdidas de su ganado.
Es por ello que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha venido realizando acciones de inspección y vigilancia, así como concientización de la protección del hábitat del jaguar con el objetivo de disuadir la comisión de ilícitos, así como combatir el tráfico de ejemplares y productos de vida silvestre que se distribuyen en dicho hábitat; también se encarga de la gestión de Comités de Vigilancia Ambiental Participativa, conformados por habitantes de comunidades en donde se distribuye el jaguar y que fungen como vigilantes de la especie en sus comunidades.
Además estos operativos de la Profepa, buscan reducir la incidencia de ilícitos ambientales, entre ellos la cacería furtiva del jaguar y las presas que consume.
De acuerdo con cifras oficiales, en el país se tiene un registro de cuatro mil 800 jaguares, muchos de ellos se encuentran en entidades del sureste mexicano como Chiapas.
En el estado se han llevado a cabo estudios en campo para conocer la situación que impera en torno a la población de jaguares, así como de las condiciones en que se encuentran los sitios en donde habita este mítico felino.
Para ello se instalan cámaras para observar los movimientos de estos animales, donde toda esta información permite a las autoridades ambientales hacer una evaluación más detallada sobre la situación real que se tiene de la población de jaguar en el estado.
El jaguar es casi exclusivamente nocturno, pues raras veces sale durante el día. Son solitarios y territoriales, gustan de echarse en el agua e incluso bucean y nadan con gran habilidad.
Los machos suelen recorrer grandes distancias y se alejan de su residencia cuando tienen disputas territoriales con otros felinos de la misma especie.
Pese a evidencias de largos viajes que hacen algunos jaguares, son animales sedentarios cuando se encuentran en su hábitat preferido; las hembras adultas tienen ámbitos hogareños cuya extensión es una tercera parte de la de los machos. Machos y hembras viven apartados y sólo se reúnen durante el apareamiento.
Habita en bosques tropicales densos, bosques lluviosos y espinosos, bosques de montaña, de pino-encino, tropicales perennifolios, caducifolios y subcaducifolios, así como zonas pantanosas y manglares.
El jaguar también puede habitar en áreas con cierto grado de perturbación, siempre que se conserve la cubierta forestal y las presas naturales.
Es por ello que en Chiapas se ha buscado ampliar las áreas naturales protegidas que se tienen bajo jurisdicción estatal con la finalidad de mantener el hábitat del jaguar y con ello impulsar su reproducción y conservación.
Sin embargo, el jaguar sigue siendo una especie en peligro de extinción en los estados en donde tiene presencia, entre ellos Chiapas, de ahí la necesidad de continuar protegiendo su hábitat, así como el frenar la caza furtiva que reduce de manera dramática la población de esta especie.
El jaguar es importante no sólo por la presión que ejerce extrayendo individuos del sistema, sino también porque modifica las densidades poblacionales de sus presas y es uno de los factores limitantes de estas. Cuando los grandes depredadores desaparecen comienzan a actuar fenómenos en cadena que desestabilizan los ecosistemas y les puede llevar al deterioro.












