“Gracias a que ha llovido es que tengo agua, de lo contrario no sé cómo le hiciéramos, lo bueno de cuando llueve es que mi cisterna se llena porque el agua se filtra del suelo”, comentó la señora Leticia, integrante de una de las 29 familias que viven en hogares, que por su precariedad, se asemejan más a una cueva que a una casa.
Se trata de la colonia La Cueva del Jaguar, donde el escenario del andador Gato Montés pareciera indicar el paso de un terremoto o de una especie de un proceso de eclosión.
El suelo se ha desplazado tanto, que ha puesto de lado a casas enteras y a otras la quebranta día a día.
Se trata de 29 casas situadas el Oriente-Sur de Tuxtla Gutiérrez, las cuales prácticamente son inhabitables debido al deterioro que presentan por la movilidad del subsuelo, lo que ha originado la inclinación, desgajamiento, cortaduras, derrumbes parciales y levantamiento de suelo.
Algunos hogares comienzan a quedar por debajo del suelo, otorgándoles la apariencia de cuevas. En cada una de las casas habitan familias enteras donde es observable un gran número de población infantil.
Estas familias, quienes no son los dueños originales, arribaron a partir del 2009 y cuentan con servicio de luz eléctrica, pero el de agua potable es deficiente debido a la situación del suelo, por lo que muchas obtienen agua de las lluvias y otras de algunos manantiales acuíferos.
“Aquella vez a una vecina se le cayó un pedazo del techo, lo bueno que no lastimó a nadie, era una gran piedra. En los temblores que han ocurrido todas las casas se rompen más, aparecen cuarteaduras cada vez más grandes”, agregó la habitante.
Otro de los “dolores de cabeza” son las lluvias, ya que por la situación del suelo las corrientes pluviales ingresan a las casas en gran medida, inundado todas las habitaciones.
Al cuestionarles si tiene temor de sufrir un accidente, mencionan que sí, pero como no tienen el poder adquisitivo, ni oportunidades sociales de gobierno, prefieren vivir con el “pendiente”, a vivir en la calle o estar invadiendo terrenos ajenos.
Otros vecinos agregaron que en los comicios anteriores, diferentes grupos de trabajo de algunos candidatos a la Presidencia Municipal se acercaron a ellos y les prometieron reubicarlos, otros les prometieron láminas y tinacos. Ningunas de las tres promesas ha llegado.
Antecedentes
La Cueva del Jaguar fue una fraccionamiento realizado por la constructora López Acosta a finales de las década de los 90, donde se construyeron ciento 55 casas, sin embargo no se pensó en el futuro desplazamiento del cerró colindante sobre el lado sur de las viviendas.
Al paso de unos tres años, las casas comenzaron a presentar cuarteaduras, algunas otras parecían rechinar, el subsuelo comenzaba a moverse y con ello se llevaba “de corbata” a las viviendas construidas sobre un suelo en movimiento.
Habitantes señalaron que existen afluentes subterráneos, una situación que vuelve más propensa a derrumbes la zona.
Los primeros dueños de estas viviendas, a partir del 2003, fueron reubicados en su momento a otra parte de Tuxtla Gutiérrez, algunos otros fueron indemnizados, debido a que esta colonia fue declarada como inhabitable debido al estado movedizo del suelo.
Sin embargo, fue hace aproximadamente siete años que nuevas personas comenzaron a arribar a las casas que habían quedado abandonadas, sin importarles el deterioro en que se encontraban, debido a que son de escasos recursos.
De hecho los habitantes de hoy afirman, que presuntamente algunos de los dueños originales retornaron a sus antiguos hogares después de haber sido reubicados y otros indemnizados, incluso, muchos de ellos vendieron las casas en cantidades de entre seis mil y diez mil pesos.
“Primeramente me vine a meter así nada más a la casa, luego apareció la dueña del lugar y hasta me demandó; pero llegamos a un arreglo donde me pedía diez mil pero logré que lo rebajara en seis mil pesos, los cuales se los fui dando en abonos”, comento Leticia.
El trabajo “Análisis ético: el caso del fraccionamiento La Cueva del Jaguar”, de estudiantes de noveno semestre de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach) en el 2015, señala que los actuales habitantes de estas viviendas al no ser los dueños originales no pueden ser reubicados en alguna otra parte, además de que las casas oficialmente han sido declaradas como inhabitables.












