La comunidad académica requiere repensar los procesos de autocuidado sobre todo cuando se abordan investigaciones relacionadas a trata de personas, migración y desaparición forzada, así lo expresaron distintos investigadores en el coloquio “Diálogos sobre movilidades y fronteras en el sur de México”.
Durante el evento, realizado en el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), Carlos Barrachina señaló que la observación tiene un grado de peligrosidad, y recordó cómo los elementos policiales suelen poner dificultades en los retenes, por lo mismo, ha pedido insistentemente que Ecosur le otorgue una credencial.
“En noviembre tenía la credencial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y unos policías se pusieron pesados. Al final me preguntaron dónde trabajaba les dijo que en la CNDH y me dijeron: Pásele, jefe. Ecosur te da una protección, aunque sea mínima, porque dices: Estoy haciendo una investigación no metiéndome en problemas”, agregó.
Actividades de campo
En ese sentido, también llamó a ser cauteloso con las preguntas que se realizan en campo. “La mayoría de la gente no sabe lo que pasa en su propio municipio, ni quiere saberlo porque es peligroso. Hay sensaciones, hay percepción, pero tú no sabes lo que está pasando”, señaló.
Al respecto, la investigadora Martha García expresó que en la actualidad una de sus preocupaciones es cómo compartir sus experiencias con estudiantes y colegas, ya que no existen recetas para ingresar a las comunidades en donde la violencia ha incrementado exponencialmente.
Carlos Barrachina resaltó que en temas relacionados a la violencia es necesario conducir los diálogos “sin poner en riesgo a la gente, sin forzarles”. Señaló que, por ejemplo, en un reportaje hecho por un periódico internacional sobre el Caribe, todas las personas en Xcalak, Cancún, que hablaron con el periodista fueron asesinadas.












