El Centro de Textiles del Mundo Maya, ubicado en el interior del Centro Cultural de Los Altos de Chiapas Exconvento de Santo Domingo de Guzmán, a un costado del Templo de Santo Domingo, realizará una sesión de historia oral de “Hilar a mano”
Conscientes de la importancia de registrar y difundir este proceso, que por muchos siglos fue fundamental para la creación de tejidos, el Centro de Textiles del Mundo Maya, invita al público en general a participar en la segunda sesión de historia oral “Hilar a mano”.
Artesana
El taller estará a cargo de la maestra tejedora María Pérez López, quien a sus 85 años continúa hilando con malacate, labor que enseñó a sus hijas y que ella aprendió de su madre siendo niña, a su madre le enseñó su abuela y así se fue transmitiendo este conocimiento durante muchos años.
En 2014, Pérez López fue reconocida como “Tesoro Humano Vivo” por la UNESCO, título que le fue otorgado por su labor como líder de la última familia zinacanteca, que crea enredos y huipiles de hilos de lana y algodón hilados a mano.
La maestra tejedora compartirá el proceso del hilado a mano y hará una demostración, además dialogará en tzotzil, su lengua madre, con una interpretación al español.
La sesión se llevará a cabo el martes 31 de mayo del año en curso a las 11:00 horas en el Salón de Usos Múltiples, ubicado en la Planta Alta del Centro Cultural de los Altos de Chiapas.
El hilado a mano de fibras naturales como la lana y el algodón para la creación de hilos, es una práctica muy antigua, que se mantuvo sin cambios significativos desde la época prehispánica hasta principios del siglo pasado, siendo una labor preferentemente de mujeres, herederas de este conocimiento ancestral.
Hasta las primeras décadas de los años 1900, las tejedoras aprendían desde pequeñas la no sencilla labor del hilado a mano con malacate (petet en los Altos de Chiapas), técnica que consiste en hacer girar un huso de madera, con el apoyo de un disco de barro o madera que sirve para dar peso a la espiga y permitirla girar.
En el transcurso del siglo XX, los hilos industriales de algodón llegaron a poblaciones de municipios como San Cristóbal de Las Casas y Tux-tla Gutiérrez y, eventualmente, comenzaron a venderse en las comunidades; las tejedoras se vieron beneficiadas, pues al comprar los hilos se disminuía el tiempo de tejido, y fue así como los materiales industriales comenzaron a sustituir el proceso de hilado hasta casi desaparecer.
Actualmente son muy pocas las mujeres que aún preservan este conocimiento, por lo que estamos siendo testigos de la pérdida casi definitiva de esta antigua práctica artesanal.












