Ir a la escuela, un gasto del que nadie se salva

En algunos casos las listas de útiles escolares parecen interminables, con hasta 40 artículos. Diego Pérez / CP
En algunos casos las listas de útiles escolares parecen interminables, con hasta 40 artículos. Diego Pérez / CP

Previo al inicio de cada ciclo escolar los padres y madres de familia deben pasar toda una odisea para cubrir los gastos de la lista de útiles escolares, uniformes y calzado. Primero porque tienen que buscar la forma de ahorrar semanas o meses antes; después, ver qué pueden reutilizar, y al final visitar varios lugares para comparar precios.

Pero todo depende de las escuelas. Algunas son flexibles y permiten comprar lo que sea más cómodo para las familias, otras exigen marcas específicas, incluso siendo públicas. Algunas, incluso, incluyen material de limpieza, papel higiénico, uniforme de determinada tienda, zapatos de cierto tipo. Las particulares, ni se diga, los requisitos suelen ser todavía más.

Para algunas familias, el presupuesto destinado únicamente a la lista de útiles ronda entre 500 y mil pesos por estudiante, mientras que quienes además deben adquirir uniformes, calzado, mochila y otros materiales pueden superar con facilidad los mil 500 o dos mil pesos por alumno.

La cantidad aumenta cuando se trata de familias con dos o más hijos en edad escolar, por lo que algunos padres optan por distribuir las compras durante varias semanas para evitar que el gasto se concentre en un solo momento.

Testimonios

Algunos padres y madres de familia, mencionan que la lista varía. “A mi hijo de primaria, le piden a veces más cosas que a mi hijo más chico. Por ejemplo, un cuaderno para cada materia”, indicó Olga, madre de familia.

A pesar de que algunas familias comenzaron a prepararse con anticipación, otros padres reconocieron que acostumbran dejar una parte de las compras para los últimos días antes del regreso a clases.

El mito de que “fuera de la ciudad es más barato” se derrumba ante la realidad de los precios y el costo del transporte. En zonas semi rurales, las compras representan un rompecabezas logístico y financiero. Algunas escuelas de Copoya, por ejemplo, no llegan los programas de educación para comunidades rurales.

“Uno trata de buscar donde sea más barato, pero aquí en Copoya no hay muchas opciones. Tengo que ir hasta Tuxtla para comparar precios, y la combi ya es un gasto extra”, comenta doña María Pérez, madre de familia y vecina de este lugar.

“Para mi hija, que va a la primaria, gastamos como mil pesos en útiles en una papelería de aquí de Copoya; y hoy que fui a Tuxtla gasté como 780 en cosas que me hacían falta, ahorita voy a gastar unos 300 pesos de unos materiales didácticos que ya había comprado pero que resultó que era otro material; y me faltan otras cositas que mañana iré a comprar”, declaró.

Comerciante

Don José López, dueño de una papelería que surte a los copoyenses desde hace más de 15 años, reconoce que la competencia es casi nula y que los márgenes de ganancia son buenos, pero no dependen de su voluntad.

“Ahorita es nuestra temporada, pero aquí la gente no busca marcas, busca lo que alcance… pues manejo más cuadernos sencillos, plumas económicas, papeles bond, marcadores, pero todo de lo económico… Hay unos proveedores me suben los precios igual que en Tuxtla, entonces no puedo vender más barato”, dijo.

Don José ya encontró una forma de paliar la crisis, a través de la confianza. “A veces doy fiado, pero solo a los que conozco, porque hay unos que no pagan; pero a los que sé que sí, les hago su cuenta”, concluyó.

A pedir prestado

Ante el desafío que representa para muchas familias el regreso a clases, muchas recurren a pedir un préstamo. Tan solo en el mes de agosto, el Instituto del Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores (Fonacot) en Chiapas registró un repunte significativo en la demanda de créditos.

De acuerdo a las estadísticas se tuvo un crecimiento del 8 % en la colocación de recursos en comparación con el mismo periodo de 2025.

Raúl Enrique Sánchez Espinoza, director estatal del instituto, explicó que en lo que va del mes ya se han otorgado financiamientos a dos mil 433 trabajadores, lo que representa un incremento del 13 % en el número de beneficiarios respecto al año pasado.

El nivel de la escuela ¿lo vale?

Existen casos muy particulares en la capital chiapaneca como el de los Centros de Desarrollo Infantil (Cendi) donde el ingresar o cambiar de grado puede significar un gasto de entre nueve y 10 mil pesos.

De acuerdo con padres de familia que han mantenido a sus hijos en este modelo educativo y que es calificado como de “excelencia”, por los resultados que obtienen los alumnos, mantienen una inscripción de cuatro mil pesos, una larga de lista de útiles escolares, un paquete de libros del idioma inglés con un costo de mil 200 pesos, análisis de laboratorio, así como materiales de uso personal y de aseo para la institución.

A esto se le suma la compra de uniformes, tenis y zapatos escolares que suman otros mil pesos aproximadamente.

Los padres de familia dan a conocer que este sistema, aunque es costoso en comparación con otras instituciones públicas, los alumnos desarrollan habilidades a temprana edad, llevan materias como inglés desde primer año de preescolar, actividades como danza y convivencia con otros menores, así como atención psicológica en caso de ser necesario.

En el caso de la lista de útiles y materiales en esta institución se puede contabilizar al menos 48 artículos diferentes.

Otras realidades

“La diferencia es abismal”, señala Samanta Peña sobre cómo se viven los regresos a clases en los contextos rurales y urbanos. La docente, con cinco años de experiencia dando clases en Icalumtic, municipio de Chamula, menciona que el primer reto a enfrentar es la falta de alumnos.

“Mientras que en algunas ciudades las escuelas tienen cupo completo, nosotros en la primera semana, antes de entrar a clases, siempre tenemos algunas capacitaciones, y al menos en mi comunidad, los maestros hacemos campaña de difusión, de recaudación de alumnos, visitando casa por casa”.

La docente ha observado que las becas gubernamentales, en específico la “Rita Cetina”, son un incentivo para estudiar, cambiando el panorama que se vivía hace unos años en la zona, donde por falta de alumnos se cerraron grupos en varias escuelas.

Primer día de clases

Samanta señala que el primer día de clases las y los alumnos llegan a inscribirse o reinscribirse, sobre todo porque durante el periodo vacacional la mayoría se dedica a trabajar.

Sobre qué tan exigente es su escuela respecto al tema de los uniformes o los útiles, la docente es clara. “No se les puede exigir”. Y agrega que al ser un paraje y no la cabecera municipal, la papelería más cercana queda a una hora y media.

“Se les sugiere dos libretas y un lapicero, un lápiz y un borrador, únicamente, y ya los maestros llevamos material para tenerlo ahí, como material comunitario para todos”, detalla.

La situación del uniforme no cambia mucho. Las mujeres, indica, suelen ir con nagua, faja y chilili (la blusa tradicional), mientras que a los varones se les permite ir como gusten. “Es una vestimenta libre”.