La reforma al régimen de pensiones de maestros y burócratas sigue sin entenderse a cabalidad, porque no se explican los beneficios no sólo sociales sino personales que presuntamente acarreará. Al tiempo que la protesta ante ella crece, la tensión se acumula y se organiza desde la desconfianza continuada frente a todo lo que provenga del gobierno por parte de grupos opositores.
Unos se amparan, otros cierran calles y toman oficinas, algunos mantienen un rechazo firme y la mayoría no conoce ni entiende las reformas, pero desconfía y teme que los ahorros de su vida puedan ser malversados.
El presidente Felipe Calderón habla triunfalmente de los cambios en el ISSSTE y se congratula de haber dado viabilidad financiera al país. Pero la desconfianza que subyace en el rechazo de los derechohabientes se basa en que no se les ha dado un trato individual, y pretende comunicarse en propaganda, en spots, lo que tendría que ser un mensaje personalizado del equivalente a la oficina de recursos humanos de cada dependencia para con sus empleados.
Si las cuentas se van a invidualizar, la información debería seguir la misma ruta. Hacer corridas financieras personales, responder a dudas comunes pero no por ello menos importantes, como la fecha de entrada en vigor, el tipo de inversión y por tanto de riesgo que corren los recursos, las nuevas edades de retiro y a quiénes y cuándo se aplican.
Es sano y comprensible el interés del personal del gobierno por su futuro laboral. Asegurarles que las cuotas descontadas de sus salarios van a llegar intactas al fondo de reserva para sus pensiones es el equivalente a servir a un cliente que comienza a ser más exigente con los servicios que recibe.
Las dudas inquietan en todos los escalafones, tanto a las afanadoras como a los investigadores científicos de primer nivel. Hay que bajar de la torre de cristal de los economistas y los actuarios, y tomarse el tiempo de hablar y explicar, porque del otro lado, del de los opositores a la reforma, lo están haciendo. Acuden a centros de trabajo a organizar el desconcierto y la desinformación y transformarla en acción política. Están en lo suyo, no hay que sorprenderse de que temas así se politicen.
No hay mejor vacuna que apostar a la inteligencia de la gente, tener disposición de defender y no de imponer los argumentos propios.
Alejémonos de una nueva apuesta a la polarización. Entendamos la lógica del temor de cualquier trabajador de llegar a ser despojado de sus derechos adquiridos.
No caigamos de nuevo en la trampa de confrontar a los trabajadores en general, y en particular a los de la educación, con su empleador, el Estado.
Hay antecedentes ominosos en el estado de Oaxaca en cuanto a dejar crecer un descontento alimentado o no de manera interesada, pero real, por falta de habilidad política.
La sensibilidad para tratar de desactivar la tensión mediante una buena y oportuna información permitirá a los trabajadores hacerse juicios propios sobre si a ellos los beneficia o no la reforma del ISSSTE, y si ayuda, como dice el Presidente, al país. Nadie irá en contra de sus propios intereses. (EL Universal).











