Empenado en distorsionar el debate sobre el futuro de Pemex -empresa que nadie habla de querer privatizar-, Andrés Manuel López Obrador hace una denuncia fundamentada contra el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mourino Terrazo, a quien desde su nombramiento, el mes pasado, le ven espolones para candidato presidencial.
Más que como secretario, Iván -Juan, en ruso-, como le dicen sus allegados, es temible por el boleto de jugador para la grande que han puesto en sus manos. Aunque parece muy temprano para escaramuzas preelectorales, López Obrador -aspirante declarado- no puede menospreciar a ningún potencial adversario.
Independientemente de los motivos de López Obrador, importa atender su denuncia, esta vez sí sustentada en documentos que ya entregó a los coordinadores parlamentarios del Frente Amplio Progresista (PRD, PT y Convergencia).
El paquete incluye convenios de prestación de servicios que Pemex Refinación, entonces a cargo de Juan Bueno Torio, firmó con la empresa Transportes Especializados Ivan-car, firmados por su apoderado general en 2002 y 2003, Mourino, que casualmente era también coordinador general de asesores y enlace institucional del secretario de Energía, Felipe Calderón Hinojosa, que por ley preside el consejo de administración de Petróleos Mexicanos.
Va a ser muy difícil demostrar que no hay un conflicto de intereses en esta operación, aunque tampoco es prueba de que existan intenciones ocultas de privatizar Pemex.
El escándalo fue detonado oportunamente en vísperas del septuagésimo aniversario de la expropiación petrolera y de la elección de la dirigencia del PRD.
Mourino, cuya familia posee una red de 38 estaciones de gasolina en Campeche, Yucatán, Chiapas, Tabasco y Quintana Roo, ha sido simultáneamente presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, coordinador de asesores y subsecretario de Electricidad en la Secretaría de Energía. Parece inevitable sospechar que sus negocios particulares hayan resultado beneficiados de esta especie de relación incestuosa.
Aunque como funcionario debe lealtad al jefe del Ejecutivo que lo nombró, tiene grandes responsabilidades ante la nación, sobre todo si abriga mayores aspiraciones políticas.
Precisamente es la cercanía de Mourino con el Presidente de la República lo que obliga a este joven mexicano nacido en Madrid hace 37 anos, tan rico como poderoso políticamente, a esclarecer totalmente este entramado de vinculaciones notoriamente indebidas y a corregirlas en la medida en que ello sea posible.
El contubernio de poder y negocios, la corrupción, deben ya ser extirpados de nuestra vida pública. No es posible que cada nuevo sexenio la situación parezca empeorar, en lugar de ser saneada, y de hecho hasta ahora hemos visto sólo cambios de partido, de grupos y de personas, no de hábitos. (El Universal)











