El Partido de la Revolución Democrática (PRD) celebra su 12 Congreso Refundacional este fin de semana en Oaxtepec, Morelos. El acto luce desde ahora desangelado ya que la izquierda partidista mexicana continúa ensimismada, dividida entre pugnas internas y sin las bases para articular una imagen y una propuesta común y clara que presentar ante la ciudadanía. øEs el sol azteca víctima o victimario de esta situaciónú
El progresismo en México se encuentra de capa caída, no sólo por el desamor de los electores, sino por la sistemática falta de autoestima política que padecen sus militantes y aliados. Después de la debacle electoral que sufrió la izquierda en las elecciones intermedias de 2009, se imponía la necesidad de efectuar una refundación de todos los elementos, agrupados alrededor de una visión progresista, solidaria, laica y moderna. De ahí que se leyera con algo de esperanza la realización del congreso de Oaxtepec, sitio emblemático para el PRD porque ya ha albergado reuniones de intención reunificadora.
Bien dice el escritor francés Eric Emmanuel Schmitt que el mal no habita en el más allá, sino en las expectativas que los seres humanos nos construimos y no sabemos cumplir. Hoy las expectativas de un congreso refundador de las izquierdas en nuestro país están más muertas que el muro de Berlín, los tomos de El capital o el totalitarismo de Joseph Stalin. Todas las partes involucradas son responsables de ello, pero hay unos actores más culpables que otros.
En primera instancia está el senador y ex gobernador de Tlaxcala Alfonso Sánchez Anaya, encargado de la comisión que hizo el diagnóstico para debatirse en dicho congreso. No es este personaje alguien capaz de despertar el respeto intelectual suficiente como para conformar consenso alrededor de un análisis y una propuesta.
Además de las limitaciones inherentes a este actor, pesa la ausencia de los liderazgos importantes del PRD. El congreso de Oaxtepec parece destinado a fracasar porque ni Cuauhtémoc Cárdenas ni Andrés Manuel López Obrador ni Marcelo Ebrard aparentan tomarlo con seriedad. Prueba de ello es que no asistirán a la inauguración del acto. En los rituales de la izquierda, este desaire significará demasiado. Queda claro que a cada uno le importa más su biografía personal que la del conjunto. Lo dicho, en términos prácticos, revela que salvar al caudillo sigue siendo más importante que salvar al partido.
Por último, y la carga de responsabilidad no es menor, está la corriente Nueva Izquierda, mejor conocida como Los Chuchos. Su cabeza y actual dirigente nacional del sol azteca, Jesús Ortega, cuenta con la maquinaria del barco pero no guía a todos los tripulantes.
Se trata de una dirigencia débil para comandar la refundación exigida a la izquierda de cara al siglo XXI. Es claro que no está funcionando como la fuerza capaz de cohesionar y hacer coexistir solidariamente a los varios grupos que integran el perredismo. De ocurrir, el fracaso de Oaxtepec podría ser la gran derrota de Ortega. Y con ésta a cuestas, el resto del país pagaría los costos de resbalar hacia un bipartidismo que no representa la pluralidad político-social de México. (El Universal)











