En el mirador Los Amorosos, una solitaria estatua de Jaime Sabines observa el paso del tiempo y, a su alrededor, los rastros de quienes alguna vez prometieron amor eterno.
La pintura de la escultura comienza a mostrar señales de desgaste, mientras decenas de candados permanecen sujetos a las estructuras, algunos con nombres, iniciales y fechas grabadas.
Entre el óxido y la pintura descascarada, estos objetos conservan historias de parejas que quisieron dejar una huella en uno de los sitios más románticos de la capital chiapaneca. Diego Pérez / CP












