José Luis, policía y oficioso con memoria tseltal

José Luis, policía y oficioso con memoria tseltal

“Santo Tomás llegó a Oxchuc, buscando el ombligo del mundo, guiado por un pajarito”, dice. Pero a él, como policía estatal lo guía el sentido del deber. El prelado construyó tres iglesias en la zona. El oficial de la SSyPC, construye a diario fortalezas de seguridad para su gente.

Sus pies calzados con huaraches de cuero, se mueven ligeros. Viste una túnica blanca, sujetada a su cintura con un cinto rojo. Las mangas tienen el mismo color.

En la mano derecha lleva un machete filoso. Va en busca de leña.

Desde lo alto, en el monte, se divisa el pueblo. Los ojos de José Luis se mueven igual de ágiles que sus pies. Mira su camino, busca la leña y observa el valle sembrado con casas humildes. Allí hay muchas historias que no se cuentan.

Pero José Luis narra una. Es del dominio público.

“A Santo Tomás, en un sueño le dijeron que buscara el ombligo del mundo. Siguiendo el canto de un pajarito, llegó a Ocosingo. Luego el pajarito lo condujo a Abasolo. Finalmente llegó a Oxchuc.

En cada lugar construyó una iglesia. Con su llegada al tercer lugar, le cambió el nombre. Antes era Tealtepec; ahora es Oxchuc, que significa “Tres nudos”.

Sus labios se mueven narrando y sus pies siguen caminando entre la milpa. Abajo está el pueblo de Oxchuc, ancestral, de gran gastronomía, como el peculiar caldo de rata, que debe cocinarse con leña maciza de roble.

José Luis subió al monte en busca de leña. Su madre está cocinando los frijoles en casa. Ya casi es hora de la comida.

En la mente de José Luis no hay cabida para el yo. Su ego fue depuesto y se propuso como regla de vida pensar en los demás antes que en sí mismo.

Y esta vez no es la excepción. Mientras recoge unas leñas, sus ojos observan algo interesante. Levanta una piedra. Luego otra. Para el comunicador esto resulta raro.

En un momento, las ágiles manos de José Luis atrapan a una rata de campo. Es enorme. Así, con la misma sagacidad, José Luis vigila las calles de Oxhuc, y si es posible busca hasta debajo de las piedras a los delincuentes.

Al atrapar a la rata de campo José Luis pensó en su madre y será su regalo al llegar a la casa de madera donde su progenitora la espera con la leña.

Al atrapar a los que delinquen, el policía piensa en su gente, su pueblo, lo que es su prioridad desde hace 15 años.

Al llegar al monte, José Luis pudo haber sido legalista y llevar solo la leña. Pero el amor es así, da el extra, más de lo que se le pide. José Luis ama a su madre. Y también, ama su trabajo, a su gente.

Por eso es que a diario recorre las calles, los mercados de Oxchuc. “Es mi gente”, dice orgulloso. “Aquí nací, aquí crecí”, añade al explicar que estudió preescolar en su pueblo Quistolhá, pero luego siguió la primaria en el barrio Santo Tomás. La secundaria en Oxchuc y la preparatoria en San Cristóbal.

Su padre, un profesor jubilado, y su madre ama de casa, forjaron su carácter sólido, disciplinado. Sin saber lo prepararon para ser un buen policía estatal.

“Yo nunca soñé ser policía, pero ahora que lo soy, estoy orgulloso”, dice José Luis.

Y con vocación camina día a día, paso a paso las calles de Oxchuc, interactuando con su gente.

Al dominar a plenitud el tseltal, puede ayudar a los indígenas que necesitan su ayuda.

Entrevistador y entrevistado descienden del monte. José Luis ha cumplido. Abre la puerta de madera. En medio de la casa, también de madera, está el horno. Ya casi está la comida. Ya casi se acababa la leña.

La madre de José Luis sonríe al ver a su hijo con la leña en brazos. De repente, el hijo sorprende a la madre. De su mochila saca un regalo para su progenitora. No es un ramo de rosas, es una rata de campo. Será el plato fuerte, además de los frijoles.

Hoy José Luis dio el extra en casa. Lo hace desde hace 15 años, en la calle, cuando en noviembre del 2001 ingresó a las filas de la Policía Estatal Preventiva de la Secretaría de Seguridad Y Protección Ciudadana.

“Me siento orgulloso de portar el uniforme, porque puedo ayudar a la ciudadanía con mi apoyo, mi servicio”, dice.

“Santo Tomás llegó a Oxchuc, buscando el ombligo del mundo, guiado por un pajarito”. Pero a José Luis Sántiz Encinos, como policía estatal lo guía el sentido del deber. El prelado construyó tres iglesias en la zona. El oficial de la SSyPC, construye a diario fortalezas de seguridad para su gente.