En el corazón de la selva chiapaneca, un grupo de veinte jóvenes lacandones, hombres y mujeres, tejen con sus manos un futuro donde la sabiduría ancestral y la conciencia ambiental se funden.
Se trata del Huerto Agroecológico Hach Winik, una iniciativa comunitaria que nace desde las raíces mismas de la cultura lacandona y que hoy es impulsada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) a través del Monumento Natural Bonampak.
Estos jóvenes, herederos de una tradición milenaria, han encontrado en la tierra una forma de resistencia y de reafirmación identitaria.
Guiados por el conocimiento de sus abuelos y padres, como guardianes de las técnicas tradicionales de siembra de la milpa, han sumado nuevas prácticas agroecológicas aprendidas con el apoyo de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
El resultado es un modelo híbrido, tan fértil como esperanzador, y tiene como eje producir conservando y conservar produciendo.
Soberanía alimentaria
Pero el huerto Hach Winik es más que un espacio de cultivo. Es un acto de soberanía alimentaria, un gesto de cuidado hacia el territorio y una apuesta por la salud de las familias lacandonas.
Aquí no hay lugar para químicos dañinos; sólo crecen hortalizas, plantas medicinales, ornamentales y la milpa tradicional, conviviendo en armonía con la selva.
La iniciativa también se ha convertido en un semillero de educación y empoderamiento comunitario. Estos jóvenes recorren escuelas y comunidades compartiendo saberes, con especial énfasis en la participación de las mujeres, pilares en la transmisión cultural y el cuidado de la tierra.
Imparten talleres para elaborar ungüentos naturales y conservas, demostrando que otra forma de alimentarnos es posible: sana, local y sostenible.
A pesar de los desafíos como los suelos difíciles, plagas y la necesidad de producir sus propios insumos, persiste la convicción de que este camino conduce al bienestar familiar y a la protección de la biodiversidad.