Juan Fernando Quiñones Montejo tenía 26 años de edad, era ingeniero forestal, originario del poblado de Jacaltenango, departamento de Huehuetenango, Guatemala, de donde partió el pasado 15 de marzo rumbo a Estados Unidos; en su travesía fue detenido y remitido a la estación migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua.
A las 5:00 horas del martes 28 de marzo, Glenda (hermana del acaecido) recibió la llamada de una de sus hermanas, que asustada le comentó la noticia sobre un incendio en la estación migratoria del Instituto Nacional de Migración (INM).
“Desde ahí comenzó nuestro dolor”, dice Glenda, una de las tres hermanas mayores de Juan Fernando. En ese momento se comunicaron al número telefónico del que recibieron la última llamada del joven, pero nunca respondieron.
El domingo (26 de marzo) Juan Fernando llamó a su esposa y a su mamá para avisarles que había llenado el formulario para la deportación, pero que el proceso estaba varado, “dijo que se complicó, pero como solo le daban un minuto para llamar, no logró decirnos a qué se refería”.
Juan Fernando fue confirmado desde la semana pasada como uno de los 40 fallecidos en el incendio, pero fue hasta el 2 de abril cuando el gobierno de Guatemala llamó a la familia para dar el aviso oficial.
“Nos avisaron de la manera más insensible”, lamenta Glenda, y agrega que les proporcionaron un número telefónico de atención especializada, pero nadie respondió, “es vil mentira todo lo que reportó el Gobierno de Guatemala, no nos han apoyado en nada, lo único que hicieron fue un listado de prensa y nos parece una burla”.
Las autoridades mexicanas, incluida el Instituto Nacional de Migración (INM), no han respondido a las llamadas ni solicitudes de la familia de Juan Fernando, “nos dicen que esperemos y no hay más información”. En consecuencia, no hay fecha para repatriación.
Glenda reitera que la muerte de su hermano no se compensará con nada, pero es importante para ella y su familia dar a conocer los malos tratos y hasta la muerte que puede provocar la discriminación contra las personas migrantes.
La ruta
Durante la pandemia, Juan Fernando se enteró de que sería padre de familia y, al no encontrar trabajo sobre su profesión de ingeniero forestal, decidió abrir un negocio de alimentos. Pero debido a la inflación de este 2023 las ventas se vinieron abajo y dejó de ser redituable, por lo que decidió irse, “todavía no lo entiendo”.
Juan Fernando llegó a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, con el apoyo de coyotes que le proporcionaron la documentación para poder ingresar al país. En la capital abordó un avión a Ciudad de México y luego uno más a Chihuahua, donde días más tarde fue detenido por el INM.
Glenda recuerda que su hermanito se llevó una mochila con poca ropa, un juguete de su bebé de un año edad y algunos insumos alimenticios. “Nadie quería que se fuera”, viene a su memoria y repite: “no puede convencerlo, él estaba muy seguro de su decisión y ahora es muy tarde”.
Xenofobia
La familia de Juan Fernando se cuestiona por qué desde México se crean crueles memes que difunden en redes sociales, mofándose de la tragedia y del contexto de las personas en movilidad humana.
Glenda cuenta que han intentado mantenerse al margen de lo que observan en la red, pero les resulta difícil porque es la manera de estar al tanto de las desiciones sobre el caso ante la desinformación del gobierno de su país.
Dice que se está mentalizando para recibir a su hermano para que sea ella la que lo reconozca, para tener certeza de que realmente se trata de él, “esto ya es una pesadilla, yo sé que el dolor no le puedo quitar a mi familia, pero quiero ahorrarle el trauma”.
“Pido a Dios dos cosas: que la repatriación sea pronta, y la segunda, es que el cuerpo de mi hermano no se vea deplorable”.











