En las calles de Tuxtla Gutiérrez o en algunos municipios casi no se observa a niños jugando con un trompo o probando destrezas en el balero, mucho menos brincando en la rayuela o jalando con una cuerda carritos de madera; esas rondas infantiles de tiempos vetustos se están extinguiendo pero no se olvidan.
Los juguetes y juegos tradicionales forman parte de la etnografía de México, de algunas sociedades rurales, donde estos instrumentos artesanales aún sirven para ocupar el ocio, de distracción y recreación.
Humberto Hernández Pérez es uno de los pocos artesanos de Chiapa de Corzo que sigue conservando y fabricando juguetes con materiales como el carrizo, pumpo, bambú, pituti y la ciruela del durazno.
Entre sus logros, participó en una exposición artesanal en San Miguel de Allende, Guanajuato, en donde obtuvo primero y segundo lugar por haber presentado piezas de colección en las que se encuentran un helicóptero de morro, pumpo y madera, un Pinocho y la serpiente emplumada Quetzalcóatl.












