La familia de la activista Nadia Dominique Vera Pérez, asesinada en la Colonia Narvarte el pasado 31 de julio, junto con el fotorreportero Rubén Espinosa y otras tres mujeres, exigió a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) que la investigación en torno a los hechos “se ciña a los estándares más altos de respeto a los derechos humanos, garantizando la seguridad de los familiares de las víctimas, de los activistas, defensores de derechos humanos y grupos estudiantiles”.
En un documento leído por Mirtha Luz Pérez Robledo, madre de la activista, la familia expresó que “al dolor por la pérdida de Nadia, a la violencia que ella sufrió, se suma la violencia institucional cuando constatamos la falta de pulcritud en el manejo del caso por parte de la PGJDF”.
También demandó de la dependencia “que se permita el acceso a la información de los avances del expediente a los representantes legales de las familias y no se realicen filtraciones que lastimen aún más a las víctimas y a sus familiares”.
Exigió asimismo, que la investigación de los hechos “se realice de manera exhaustiva, sin menoscabo de ninguna línea de investigación, sin descartar aquella relacionada con las amenazas que Rubén y Nadia denunciaron” días antes de ser asesinados.
En las instalaciones del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, que preside el obispo de Saltillo, Coahuila, Raúl Vera López, la madre de la activista dijo que la tarde del día sábado 1º de agosto, “a través de los medios de comunicación, que no de las autoridades, nos enteramos de los trágicos hechos en que perdió la vida nuestra querida Nadia junto a otras cuatro personas”.
Lamentó que “desde el principio la información se fue difundiendo de manera extraoficial, fragmentada y contradictoria a través de los medios de comunicación, sin que la PGJDF saliera a pronunciarse”.
Dijo que su hija vivía desde febrero de 2015 en el departamento 401 del edificio ubicado en la Calle Luz Saviñón 1909, de la Colonia Narvarte, donde ocurrieron los lamentables acontecimientos”, a donde había ido “después de vivir 12 años en la ciudad de Xalapa, porque ‘ya no se sentía segura’”.
Su actividad cultural siempre estuvo ligada a la defensa de los derechos humanos, de la libertad de expresión y de los derechos de los animales. Apoyó también el movimiento #YoSoy132, el magisterial, el de defensa contra agresiones a periodistas, el del Comité Universitario de Lucha de la Universidad Veracruzana, el de la defensa del petróleo, el de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa”.
Mirtha Luz aseguró contrario a las versiones extraoficiales que se dieron a conocer al inicio, que su hija no era novia de Espinosa, sino que eran amigos desde que ambos se conocieron cuando residían en Xalapa, Veracruz, y colaboraban en el Festival4x4.












