Uno de los graves saldos de la confrontación entre partidos, instituciones y gobiernos, locales y federal es el descrédito de la actividad política entre un amplio sector de la población, particularmente el de los jóvenes, que no se identifican ni se sienten atraídos por un ámbito que pareciera sólo ofrecerles pleitos, discordias y corrupción, en lugar de proyectarles una imagen de pulcritud, acuerdos, negociaciones y trabajo en favor de las mejores causas de México.
Esto así lo entiende también Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), quien ayer externó su preocupación por las previsiones de que sea grande la abstención de los jóvenes en los próximos comicios federales de 2006.
Durante los últimos anos, la clase política no ha estado a la altura del reto democrático que demandaba el país luego de las elecciones del ano 2000, lo que ha llevado a la nación a un eterno conflicto entre partidos y personajes, que de algún modo ha obstaculizado la marcha social y económica de la nación al no haberse dado los acuerdos mínimos para garantizar que México marche bien en un entorno de madurez política.
Esa carencia de civilidad es la que genera la urgencia de incorporar a los jóvenes a la actividad política para que no les sea ajena, para que la vean como algo natural en lo que pueden y deben participar.
Este sector de la población es el mayoritario y, sin la menor duda, debe ser tomado en cuenta a la hora de decidir qué tipo de país quiere en el futuro. Para ello es necesario fomentar la cultura política y difundir los valores democráticos.
El abstencionismo es una terrible manifestación del grado de desgaste o, peor aún, de descomposición del sistema político. Sería gravísimo que el próximo ano los jóvenes en edad de sufragar no fueran a las urnas, convencidos de que su voto no servirá de nada para cambiar el actual estado de cosas, o por no sentirse representados por ninguno de los partidos políticos contendientes ni por sus respectivos proyectos de nación.
Además de los partidos y las autoridades de los tres niveles de gobierno, uno de los principales responsables de que la cultura política se difunda adecuadamente es, precisamente, el IFE. Esta institución tiene que mostrar control sobre todas y cada una de las etapas del proceso electoral y ha de conjurar los riesgos de sospecha, garantizando la transparencia en la marcha de los comicios.
El abstencionismo que algunos predicen podrá abatirse en la medida en que los jóvenes tengan claro que su voto sirve, es contado rigurosamente y colabora al engrandecimiento de México, vía la elección de gobernantes y legisladores con la suficiente legitimidad como para desempenar bien su función.
Estamos a tiempo de que las elecciones federales del próximo ano sean una fiesta democrática y no un muy amargo trago político.
Se tiene que movilizar desde ya a la juventud del país, incitándola a participar en política, respetando sus preferencias ideológicas, pero con la idea de fomentar en ella la noción de que sólo mediante el ordenado proceso democrático es posible organizarse y vivir en sociedad.
No incorporar a los jóvenes a la vida política activa es tanto como condenar al país a futuros procesos políticos en los que sólo unos cuantos participen y, por lo tanto, en los que sólo esos pocos decidan el futuro de toda la nación. La consolidación de la democracia en el país pasa, inevitablemente, por la inclusión de la juventud. ( El Universal).











