El origen étnico y la clase social determinan cómo los jóvenes habitan y se desplazan en San Cristóbal de Las Casas, así lo destacó el doctor en Antropología Social, Miguel Pérez Ramírez, quien expuso que la urbe sufre tensiones históricas y fragmentación socioespacial acrecentada en los últimos cincuenta años, con una disputa diaria por el territorio.
Hay tensión constante en palabras usadas entre grupos, como “coleto”, “ladino”, “indio”, “gringo”, “hippies” y “académicos”, así lo identificó el especialista del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas), al iniciar su anteproyecto sobre exclusión juvenil.
La urbe evoluciona
El especialista realizó un análisis histórico de la urbe, que superó pronto el modelo que tuvo en su fundación con un centro español y barrios indígenas, pronto vino el mestizaje y nuevos grupos.
La diversidad se homogeneizó en torno al “ladino” (lo no indígena). Con el tiempo, las barreras étnicas dieron paso a segregaciones de clase como los ricos ladinos en el centro, clases bajas en periferias e indígenas en el exterior, generando una estratificación social en el plano urbano.
Momentos
Cuando Miguel presentó su investigación “La ciudad en contrapunto: formas diferenciadas de habitar y convergencias desiguales en jóvenes de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas”, determinó cinco momentos de transformación.
La primera a mediados de los setentas con las migraciones indígenas por desplazamiento ante conflictos que iniciaron la “indianización” de una ciudad antes ladina.
En los ochentas San Cristóbal tuvo una concentración de servicios que atrajo a profesionales, activistas y centros como el Ciesas. El tercer momento fue el conflicto de 1994 que dio más crecimiento periférico por invasiones de predios.
Pandemia
Para el 2003, con remodelación del centro para turismo y borrar el pasado de la revuelta indígena, comenzó la turistificación. Cosa que se agravó con la pandemia de Covid-19, que hizo trabajos más precarios en combinación con la llegada de extranjeros con teletrabajo e ingresos en divisas.
El autor conecta estos choques con biografías de 23 colaboradores. Y analiza prácticas y percepciones del andar de estos jóvenes por la ciudad colonial. La ponencia concluyó en que la juventud local es un testigo activo, y un conjunto de actores, su caminar diario encarna y disputa las desigualdades del espacio urbano.












